Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Epistolario

Cursilerías que quieren dejar de ser.

Pucha que sos difícil de arrancar, piba. Mirá que hago todo lo que puedo por llenar los cuadritos de la agenda con impostergables del tipo “pagar la luz y el gas”, “visitar al dentista”, “cumpleaños del amigo tal”, “llamar por teléfono al banco”, “llevar el auto al taller”, “ir al estreno del cine”, “no olvidar, hoy teatro”. Por más que me ocupe en sacar el sempiterno polvo de los libros, zurcir medias, cortar el pasto del jardín, cambiar el cuerito de la canilla, barrer la vereda, la propia y la del vecino. No importa que trabaje como un alemán alienado que se empeña con precisión suiza en no dilapidar como un norteamericano el tiempo que antes le sobraba como a un argentino. Ni así, piba. Cuando comienzo a creer que por fin pensar no va a ser sinónimo de pensar-te y mirar con nostalgia el banco de la plaza donde vos me esperabas a la salida del conservatorio, y sentarme en la mesa de un bar duplicando un encuentro con vos en un tiempo que ahora parece imposible, y mirar hacia atrá...

La ceguera. Epístola para quien se queda

Recuerdo que era oscuro pero brillante, seguramente difícil de quitar (¿de dónde?), algo así como una brea espesa y pegajosa. Entonces otro recuerdo: un niño, cowboys, malos, buenos, castigos, cosas que nunca pasan. Recuerdo sólo que era oscuro y difícil de traspasar, recuerdo el sopor, los párpados dejándose vencer por el peso de la desidia, la tristeza corrosiva irrumpiendo, haciendo trepidar la epidermis, pulverizando cuanto vestigio osara levantarse en su contra. Entonces se me terminan las palabras, no sé si hablo de un pantano de la niñez o de un escenario contemporáneo. De todas formas mis habitantes se niegan a juntarse, a jugar a ser Uno, a regalarme una palabra para un amigo, una madre, el vecino de enfrente o un funcionario público. Qué hacer. Será un capricho mamado de la tierra infértil que las quiere seguir atesorando. Así es que he perdido todas las luces que me quedaban, me he sumido en la ceguera más estúpida y tengo ya varios moretones, pero nada de palabras. Sa...

Utopías

Hay canciones que se enlazan a momentos especiales de la vida, que recuerdan la infancia, que tienen ecos de adolescencia. Hay canciones que nos hablan de personas en pasado, en presente, en gerundio. Hay música que funciona como un fijador de colores en un cuadro, como un barniz que resalta matices y preserva un recuerdo del efecto del tiempo. Hay melodías que nos hacen reír de solo oírlas. Hay música que nos emociona hasta las lágrimas. Hay canciones que nos sacuden el cuerpo. Hay canciones que nos sacuden el alma, que tienen poesía por duplicado, que tienen esa rara cualidad de condensar un pensamiento con sonidos y generar un microuniverso que cabe en cinco minutos.  E sta canción se ha quedado conmigo porque es una de estas últimas. No sólo porque me guste. No sólo porque me recuerde un verano, una mujer, un sitio especial. Se ha quedado en mí porque me ha ofrecido un ideal en un momento en que tener ideales es una cuestión pasada de moda. Una canción que me sacudió...

Carla, In Memoriam ( I )

Escucho a Beatriz Sarlo dando la clase sobre La invención de Morel. Te veo a vos que no estás en el aula, ni en la facultad, ni en la cuadra, ni en la manzana, ni en Flores. Te veo más claro que a Beatriz, quiero entenderte más rápido que a Bioy. “…El es un enamorado - estado de enamoramiento, estado excepcional, incómodo y de difícil relación con lo real - Transporte del amor, no es de su propio gobierno. Dedicado a leer los signos del amor (mal) y cuando tiene su momento de reflexión escribe en su diario de enamorado - se compara con Ayax - furor, no cólera sino amor - furor divino - carácter exterior de la pasión…” Me duele la mano y todavía no escribí una carilla. Me tengo que contener; aunque no estoy tan enamorada, ese estado excepcional todavía no me vuelve loca, pero a veces parezco boba. No estoy aquí, mi compañera debe creer que escucho con atención, ¡prestá atención, mujer que en el parcial no sabés nada!. Yo no quise que esto me pasara con vos, pero no lo puedo controlar....

Carla, In Memoriam ( II )

Los instintos guían su vida, por esa razón hoy está preso, no entiende por que lo juzgan. No le llaman animal; los amigos le dicen pervertido, mujeriego, macho cabrío, maestro, .Las mujeres le dicen violador, borracho, sexópata, alguna que otra la dice mi amor, los peritos y sicólogos lo denominan violento, psicópata, asesino serial, dicen que quiere sentirse poderoso y que en su niñez lo maltrataban sus padres. La razón guía su vida, por ese reflejo instintivo que tienen los hombres de temer a lo que no comprenden, hoy esta recluido en un manicomio. No le llaman hombre; las mujeres le dicen tonto, retrasado, bobo, idiota, tímido, extraño, alguna que otra le dice mi amor, los peritos y sicólogos lo denominan autista, reprimido, introvertido, genio; dicen que es de otro mundo y que en su niñez fue un incomprendido.

Carla, In Memoriam ( III )

La verdad es que nunca voy a beber de tu agua, a soñar con tu pelo, a tocar tu cara, siempre te veré de lejos, 30cm es lejos, siempre escucharé de afuera y tus latidos no serán nunca de mi oído. A no ser que todos se congelen menos yo. Y Ahí te voy a robar un beso y voy a probar como es abrazarte. Después te voy a despertar, y te voy a preguntar si a vos también te pasa lo mismo, no me vas a contestar, ni sí ni no, aunque el mundo se congele menos vos y yo, no me vas a contestar y para no morirme de vergüenza la próxima ves que te vea, te voy a congelar nuevamente y te vas a olvidar de lo que te pregunté. Si por alguna de esas casualidades, en el lapso de tiempo que te revivo de entre las estatuas me decís que sí , no voy a quitarte la memoria de ese instante que desencajó del tiempo y quedó prendido en un recuerdo falso. Allí te doy una dirección, la de mis sueños, donde podrás venir sin pudor ni remordimiento y donde sólo yo me entero. Si me das tu dirección seguro que no me voy a ...

Acuarela

Pienso en vos ahora. Y decir pienso en vos es también decir que pienso en la noche de anoche, en la noche y lo bien que se sentía ese suspiro fresco de la luna; en la ciudad de noche, en la ciudad y sus semáforos y las luces y la gente, la ciudad y su laberinto de calles, en vos y en mí; en vos y en mí, otro laberinto.   Pienso en este azar singular que nos obliga a llegar alternadamente tarde a nuestros encuentros, en lo tan temprano que se nos hace tan tarde; pienso en lo difícil que nos resultó encontrar los sanitarios en el Patio Olmos, y en ese llamativo manual del Olmos que tiene de todo a cuatro colores y en papel ilustración, y todo muy bonito, pero que carece por completo de un mapita de los sanitarios para la gente como uno , que no sabe hallarlos. Pienso también en el despiste sistemático que nos empuja a cruzar avenidas casi sin mirar a los lados, en las francas puteadas que nos habrán dado esos tipos que casi nos atropellan en Estrada, en tu docilidad y en mi osad...

Sobre Ojos y Cerraduras

Y para que engañarse. Usted, Paloma mía, es fatalmente encantadora cuando se pasea de esa manera tan desenfadada, con esa soberana lozanía de capullo matinal. Es más: casi debería decir cuando se pasea desnuda . ¿Por qué me mira con esa expresion en la cara? El era un consumado artista del ojeo, midiendo la noche desde su atalaya. Resistiendo los envites de los mirares ajenos, hasta que le echaban humo las pestañas. (1) Yo me deleito observándola desde este lugar de maravillas, donde, juraría, pocos habrán conseguido mirarla. Y siento un placer casi impúdico al mirarla. Desde el ojo de esta cerradura la percibo a usted, como se perciben las casas bajas desde los altos balcones de un edificio. Esas casas que tienen todas una fachada casi idéntica. Pero basta con tan solo otear desde un punto estrategicamente elegido, una atalaya como la de este voyeur , para distinguir sus patios traseros: en algunos de esos espacios a veces hay suciedad y abandono. También bicicletas viejas arru...

Semblanzas

Porque mi suéter está al revés, y porque el color de esta camisa no está en los catálogos de moda. Porque mi cabello se olvidó del peine del estilista, y porque este par de anteojos que tanto me gustan son los que le han robado a la estatua de Woody Allen en Oviedo. Y entonces alguien me dice “que inapropiado”. Identidad… Y sé que naci salmón en medio de ovejas. Cuántas veces la normalidad, esa condición del ser que jamás comprendí, me abofeteó en la mitad del rostro, dejándome una sensación de extranjero entre iguales. Y en mi todo se rebela, porque en mi mente rompo lanzas para mantenerme integro, para no falsearme, para no abandonar este rostro y esta voz que sé que son mías, estas intuiciones de utopías en las que creo y a las que me aferro. Todo lo que realmente quiero es algo de tolerancia y un modo de calmar esta voz enojada. Porque también esta este cansancio, estas ganas tremendas de patear el tablero, esta insufrible inercia que a veces me deja plomo en los brazos, ...