Reverencias
Por fin es primavera. Después de tantos días cubiertos de nubes hoy amaneció espléndido. Mi mal humor matutino suele durar un buen rato, pero esta mañana se esfumó ni bien traspuse el portal. Había sol, el aire estaba tibio y soplaba una brisa agradable. Imposible no interpretarlo como augurio favorable. Recogí del suelo el periódico y lo coloqué en el portafolios. Me gusta repasar las noticias en el bar mientras tomo un café antes de entrar a trabajar. Cerré la casa y caminé en dirección a mi automóvil. Esta es una zona muy tranquila, tanto que aún podemos prescindir del uso de rejas y sistemas de seguridad. En el verano estuve en Buenos Aires, en la casa de unos amigos que viven en un barrio privado. No conseguí sentirme cómodo. Fue una experiencia penosa: por una parte, una suerte de asfixia, una sensación similar a lo que imagino que sienten los que sufren claustrofobia, si es posible tal cosa en plena calle y al aire libre. Eso y la impresión de estar constantemente vigilado. C...