Lítost - Milan Kundera

8:37:00 p. m. Posted by El Griego

Un estudiante nadaba con una estudiante en el río. La chica era deportista, y él en cambio era un nadador desastroso. La chica lo amaba perdidamente y tenía tanto tacto, que nadaba igual de despacio que él. Pero cuando la natación se acercaba ya a su fin, quiso pagar rápidamente la deuda que tenía con sus aficiones deportivas y se lanzó con rápidas brazadas hacia la otra orilla. El estudiante intentó avanzar más rápido y tragó agua. Se sintió humillado, puesto en evidencia en su inferioridad física: sintió lítost.

La lítost es un estado de padecimiento producido por la visión de la propia miseria puesta repentinamente en evidencia.

Uno de los remedios usuales contra la propia miseria, es el amor. Porque aquel que es amado de un modo absoluto no puede ser miserable. Todos sus defectos son redimidos por la mirada mágica del amor, para la cual hasta la natación más antideportiva, con la cabeza estirada fuera del agua, se ve encantadora.

Lo absoluto del amor es en realidad el deseo de una identidad absoluta: el deseo de que la mujer amada nade igual de despacio y de que no tenga pasado alguno ni pueda ser feliz al recordarlo. Pero en cuanto la identidad absoluta se ve negada (la chica nada con rapidez o recuerda algo de su pasado), el amor se convierte en una fuente inagotable de ese gran padecimiento que llamamos lítost.


Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido

Mayo

3:45:00 p. m. Posted by El Griego

Siempre me resultó más sencillo, o más cómodo, o quizá ambas, deambular las avenidas fantásticas, las ingrávidas sustancias de los mundos sutiles, los vericuetos de la palabra que esquiva las definiciones, los cierres dogmatizantes, la voz que juega a ser polisémica y se viste de sedas poéticas. Ésas que constituyen bonitos paisajes con aves nocturnas, paradójicamente ávidas de absoluto, atemporales y sincréticas. Pero cada vez que la realidad aparece con toda su brutalidad, con toda su atroz forma de abofetear y sacudir, ahí toda habilidad e ingenio, todo intento de belleza se hace mudez.

¿Qué decir del suicidio de Carla, qué del puñal hendido desde ochocientos kilómetros y sin apenas una o dos palabras, qué del terrible espanto de mirar tras el espejo y ver que la lealtad creída y cultivada se arrastra tullida y sucia? ¿Cómo nombrar este barro, este limo, este desgarramiento que me amordaza y me quiebra? Tres estocadas, tres golpes, tres sentencias. Y yo, sin comprender cómo se puede vivir, cómo.

Mayo. Desde hace tiempo Mayo es un mes que dice voces de cristales rotos, de gritos en la madrugada, de ropajes oscuros y cartas de adiós. A veces pasa, se marcha. Simplemente se va como deben irse todos los meses del calendario. Y es casi una forma de absolución, pero siempre con una miranda de reojo y sonriendo maliciosamente.

Y me piden que escriba. Que no deje de escribir. Y simplemente sucede esto: hace frío, llueve y ellas me dejan porque estoy abrumado. Porque tampoco para ellas debo tener lugar. Porque estoy roto y maldigo en silencio.

Tiempo de Silencio

6:52:00 p. m. Posted by El Griego

Tengo la impresión de que no se debería hablar, porque mientras más se habla... uno es menos claro. Y que toda explicación lo encierra a uno en una definición. Romper el silencio, es ya entrar en este mundo.

Todo discurso es perjudicial, y es cultura. La cultura trata de explicar lo indecible; a veces logra, paradójicamente, expresarlo; pero una vez que está expresado, se vuelve una explicación tan poco valida como cualquier otra.

Aquí también llueve

10:13:00 p. m. Posted by El Griego

Vení, quedate,
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo,
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
Quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
Cómo vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día
No puede ser, decís, no puede ser.




Carla, In Memoriam ( I )

9:41:00 a. m. Posted by El Griego

Escucho a Beatriz Sarlo dando la clase sobre La invención de Morel. Te veo a vos que no estás en el aula, ni en la facultad, ni en la cuadra, ni en la manzana, ni en Flores. Te veo más claro que a Beatriz, quiero entenderte más rápido que a Bioy.“…El es un enamorado - estado de enamoramiento, estado excepcional, incómodo y de difícil relación con lo real - Transporte del amor, no es de su propio gobierno. Dedicado a leer los signos del amor (mal) y cuando tiene su momento de reflexión escribe en su diario de enamorado - se compara con Ayax - furor, no cólera sino amor - furor divino - carácter exterior de la pasión…”

Me duele la mano y todavía no escribí una carilla. Me tengo que contener; aunque no estoy tan enamorada, ese estado excepcional todavía no me vuelve loca, pero a veces parezco boba. No estoy aquí, mi compañera debe creer que escucho con atención, ¡prestá atención, mujer que en el parcial no sabés nada!. Yo no quise que esto me pasara con vos, pero no lo puedo controlar.“…Pasan cosas físicas, sede pulsional, se derraman humores del cuerpo novelas húmedas - intermitencia estructural de la pasión, el suspenso, las urgencias…”

Me parece que me hice adicta a la adrenalina, ¿será adrenalina lo que me hace sentir así cuando pienso en vos? Mi cara se debe asemejar a la de los drogadictos apenas se inyectan el veneno luego de mucha abstinencia, es que me imagino cosas, imagino muchas más de las que recuerdo… ¿se harán realidad algún día? Que sea pronto, que sea pronto, me muero por tu boca y ni puedo darte un indicio de que mi boca es tuya desde hace un tiempo.“El enamorado balbucea…”

¿Y antes de eso qué dijo la profesora? Recuerdo cuando te volví a ver y dijiste zonceras, me saludaste de lejos y a la media hora te asomaste a mí para un beso de saludo, que poderosa me sentía cuando te ponías nervioso, en ese entonces todavía no eras nada.“…Roland Barthes “fragmentos del discurso amoroso” (comprar): En el amor todo es signo. L I de Morel : Ejemplo de codificación semiológica - conocer que sucede con la subjetividad del otro - decodificación de signos, no a nivel fático, comunicación oral que no garantiza el contenido de la comunicación…”

Y aquellas miradas hermosas y extrañas que yo no alcanzaba a comprender, y cuantas cosas me habré perdido cuando no eras nada, pero después te vi otra vez y volví a ver esa mirada que parecía abierta, que luchaba por ser transparente y ahí quise o pude o intenté leer, sí me conecté con una palabra que giraba allá a lo lejos, tal vez te quedaste pegado en mi mirada para ver si mis ojos habían cambiado, o para reconstruir esa mirada que habías recordado o ¿será que tenía lagañas? ¡ay me muero de vergüenza de solo pensarlo! Cuando me dí cuenta de que flotabas en mi cabeza tan constante como el aire me esforcé por recordar si había más signos en el pasado que pudieran delatarte.“…Ante la prohibición de ciertas formas de comunicación: discurso suplementario - narración en primera persona que permite expresar la subjetividad a una objetividad para que no se pierda…”

Cuando te volví a ver no pude contener mi estado. Nos quedamos solos y te vi la boca, para ver si era tan incitante como la que yo recordaba, ahora lo era más, no dudé en recorrer con mis ojos tu cuerpo, aunque cuidé que no te dieras cuenta. Creo que te diste cuenta, porque estabas sonriendo cuando estacioné en tu rostro, no eras tan alto como te recordaba, o yo levitaba en la alegría de volverte a ver.“…ERROR comunicativo: (Niklas Nuhnann “Tratado de las pasiones”) El que comunica cree que está metido en una situación de comunicación pero no es así. El manejo de los dispositivos comunicativos es el que decide el curso de las pasiones…”

Es verdad, cuando Juan me pone cara de cordero degollado yo miro para otro lado y me hago la tonta“…Lógica de las pasiones que depende de la comunicación y está siempre acechada por el error …”

Si me llego a equivocar no voy a confiar más en mí, voy a pensar que me armo las historias sola, que soy una paranoica…Andá con cautela que en esta situación la cosa se complica!“…enamorado que se enamora de un fantasma, de su invención de su objeto interno de deseo que ocupa el lugar del objeto externo…”

¿Y si pienso en vos porque estoy triste, porque necesito a alguien? No, yo soy demasiado selectiva con los hombres, en un momento llegué a pensar que tenían que pasar años hasta que me enamorara otra vez. Y justo de vos… se me tiene que pasar…otra vez tengo que reprimirme, un día voy a explotar y mis pedazos van a caer en muchos lados. No puedo ser libre por que estoy inserta en una sociedad que no me deja.

Morel se arma una máquina para tener a los que ama, así dijo Beatriz, yo a esa parte no llegué. Morel no puede tener lo que quiere y crea cosas en su mente, no es suficiente y muere.

Carla, In Memoriam ( II )

9:40:00 a. m. Posted by El Griego

Los instintos guían su vida, por esa razón hoy está preso, no entiende por que lo juzgan. No le llaman animal; los amigos le dicen pervertido, mujeriego, macho cabrío, maestro, .Las mujeres le dicen violador, borracho, sexópata, alguna que otra la dice mi amor, los peritos y sicólogos lo denominan violento, psicópata, asesino serial, dicen que quiere sentirse poderoso y que en su niñez lo maltrataban sus padres.

La razón guía su vida, por ese reflejo instintivo que tienen los hombres de temer a lo que no comprenden, hoy esta recluido en un manicomio. No le llaman hombre; las mujeres le dicen tonto, retrasado, bobo, idiota, tímido, extraño, alguna que otra le dice mi amor, los peritos y sicólogos lo denominan autista, reprimido, introvertido, genio; dicen que es de otro mundo y que en su niñez fue un incomprendido.

Carla, In Memoriam ( III )

9:39:00 a. m. Posted by El Griego

La verdad es que nunca voy a beber de tu agua, a soñar con tu pelo, a tocar tu cara, siempre te veré de lejos, 30cm es lejos, siempre escucharé de afuera y tus latidos no serán nunca de mi oído. A no ser que todos se congelen menos yo. Y Ahí te voy a robar un beso y voy a probar como es abrazarte. Después te voy a despertar, y te voy a preguntar si a vos también te pasa lo mismo, no me vas a contestar, ni sí ni no, aunque el mundo se congele menos vos y yo, no me vas a contestar y para no morirme de vergüenza la próxima ves que te vea, te voy a congelar nuevamente y te vas a olvidar de lo que te pregunté. Si por alguna de esas casualidades, en el lapso de tiempo que te revivo de entre las estatuas me decís que sí , no voy a quitarte la memoria de ese instante que desencajó del tiempo y quedó prendido en un recuerdo falso. Allí te doy una dirección, la de mis sueños, donde podrás venir sin pudor ni remordimiento y donde sólo yo me entero.

Si me das tu dirección seguro que no me voy a enterar, pero espero que si un día me encuentro en tu cabeza dormida, en tus ojos cerrados, en tu respiración nocturna, independiente, secreta, espero poder decirte la verdad y que me contestes sin palabras, sin sonidos, con deseos..

Se comme ça

3:31:00 p. m. Posted by El Griego

Querida Haiku:


Je n'ai jamais répondu à une lettre ou un e-mail, Maga. Es que las voces vienen como el proceso del perfumista de Süskind: las gotas esenciales decantan y un buen día, un día ya sin referencias ni precedente, hay palabras que quieren ser dichas, que vienen como si fuera la cosa más natural del mundo. Lo más natural. Por eso le contesto, Beatrice, porque como vos, pero tangencialmente, no debes, no debo; porque mejor tirar piedritas al estanque, y hacer sapitos, Ameliè.


Debí decirte una vez, sin más ni más, palabras inconvenientes, una cuadrilla, un batallón de esos vocablos que perforan toda asepsia. No me llevo bien con los deberes; probablemente las diga algún otro, como suele suceder. Como debe.


Hurra por los enchastres, Frida, por las brochas gordas y los bocetos de Degás y tres trazos del holandés, por esa cosa que hacemos cuando un gerundio se convierte en borrador. Vamos siendo en presente continuo. Vamos, es de noche.


Vení, Carmen, le hago un lugar, chiquito, como vos. Quedémonos así mirando la nada a través de esta reja, fumemos, hasta que alguien irrumpa como una sentencia.


De perfil, siempre de perfil, te espío, Diana.


Me seducen las dicotomías, las policromías y caleidoscopios. a) Las reducciones son imprescindibles para no enloquecer ante el tamaño del mundo. b) Nombrar los demonios los vuelve reales, materiales, tangibles. c) La única manera de conjurar un íncubo es nombrándolo, etiqueta, frasquito, alacena; quitando el aura de misterio, ese amor por el ocultamiento que nombraste hace dos eras, Hetaira.


(Quizá si te nombro con todos los nombres posibles, los imaginarios, y todos los demás te conjure, Helena, te vuelvas convenientemente una palabra de tres letras en capicúa, un vocablo genérico en singular femenino que le quepa a cualquier hija de vecina. Ita, por cierto, y además. Pero te empeñás en ser etérea, María Luisa, y yo que detesto a las mujeres con las nalgas a 62 cm del suelo, porca miseria)


¿De cuantas maneras puede ser un abrazo?


Tengo pésimo gusto en materia de sentires; mis niveles de cursilería pueden pasar la barrera de la melaza a baba del diablo. Qué hacer, qué hacer. Abrojitos como ese de allí: tienen la maldita maña de quedárseme pegados preferentemente en esas zonas imposibles. Vergonzoso, vergonzante. Un poema sobre los escombros, cosas como esas, así de tontas.

Te vas a empachar con esta sopa fría, Maga, peor que con aquel Pérez Galdós.


Se comme ça. ¿Será esto todo lo que será?

Domesticar palabras

8:00:00 p. m. Posted by El Griego

Con tanta invasión foránea en cuanto ámbito del discurso exista, me he puesto en la tarea de delinear técnicas para domesticar palabras. Es probable que haya fracasado redondamente. Lo más, estas notas sueltas en mi bitácora: atender a los siguientes posibles apartados y categorías: del por qué las esdrújulas sean todas cantantes líricas; del por qué las graves se visten siempre de negro y las agudas, lloran; del por qué los hiperónimos prefieren los sistemas capitalistas; del por qué la familia de los parónimos tienen alma histriónica y la de los homónimos sean siempre fabuladores; sobre monosilábicas y su relación con la clase social oligárquica; sobre las bi y trisilábicas y la constitución de la clase media; sobre las polisilábicas y la problemática en familias de escasos recursos; de cómo hacer siamés lo disímil (Ej.: el Nano, te guste o no, y aunque realmente no sé si me gusta mas de ti lo que te diferencia de mí o... O: Anaxágoras y un señor viejo, regañón y barbudo en el ágora. “Que sí! Que no! Que lo distinto! Que lo semejante! Que se atraen! Que se repelen!”) No olvidar: tallar en madera de acacia sendo cartel para el frente de la academia y barnizar dos veces por año: “Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro…”

Primeras palabras (Parte II)

2:07:00 p. m. Posted by El Griego


Me lo contó un viejo Mapuche, en una de esas hondas noches que tiene el sur, guarecidos sólo por un cielo abierto de par en par y la más bella hoguera que he visto nunca.

Hubo un tiempo en que los hombres no conocían el fuego. El día había sido hecho para cazar, juntar frutos para alimentarse y secar pieles para tener abrigo. Las noches de invierno eran diez veces más frías que las nuestras, y no pocos amanecían sin vida. Entonces había que apiñarse en los fondos de las cuevas, con los únicos animales que no les temían, sus perros.

Sucedió de noche, como todo lo más bello y lo más atroz que ocurre en el mundo. La más brava de las tormentas giraba fuera y lo mantenía despierto. El rayo había partido el gran árbol que estaba a la entrada de la cueva, y ardía. Ardía y era una cosa bella y extraña. Supo que era un regalo del cielo porque su piel sentía calor, y el calor era signo de vida en las cuevas.

Consecuencias tuvo descubrir el fuego. Aprendió que el fuego no sólo da abrigo, sino también mejora el alimento, protege en la oscuridad que cobija enemigos, marca caminos y sobre todo, invita a sentarse alrededor de un hoguera en las noches hondas sin otro resguardo que el cielo abierto de par en par.

También sucedió de noche, como todo lo más bello y lo más atroz que ocurre en el mundo. Un hombre guardó las brasas que le obsequió un rayo; de noche hizo fuego. El fuego se le metió en sus venas y el hombre se sintió contento, tanto, que miró a una de las hembras más bellas de la manada, hizo un gesto breve con una mano, y la Tierra oyó por primera vez algo como una voz que decía "Quiero, ven".

Primeras palabras (Parte I)

7:03:00 p. m. Posted by El Griego

Mirado desde este lugar en el tiempo, y siempre atravesado por mis súcubos literatos, resulta completamente fácil imaginar que algún oscuro designio habrá sido enunciado en otra era: debía suceder así.

Baste con pensar la forma en que los astros tejieron en torno suyo la trama que lo haría trascender la mera existencia. Ya su abuelo había sido locutor, lo mismo que su tío y hermano mayor. Su padre, notable erudito en oratoria, desarrolló el discurso visual para enseñar a sordos a pronunciar palabras. Él mismo fue profesor en escuelas para sordos con el método de su padre. No es un dato menor que su propia madre, su hermana y la mujer de la que se enamoró fueran, también, sordas.

Así las cosas, pasó su vida entre la docencia y la elaboración de complejos sistemas y dispositivos que rondaron siempre la misma tópica: la transmisión del sonido, y, muy particularmente, de la voz humana.

Dos bocadillos: dicen que quedó fascinado con una réplica de El Turco, aquel autómata de Kempelen que jugaba al ajedrez y hablaba, tanto, que decidió crear uno propio. Se sabe que consiguió construir la cabeza, y que logró que dijera con claridad “mamá”. Trouve se llamaba el terrier de la familia. Se dice que él lo adiestró de forma que manipulando los labios y cuerdas vocales del perro, su auditorio quedaba alelado cuando oía que el animal decía: "¿Cómo estás abuela?"

Los designios son así, suceden, como ya se ha dicho, como el arte, como el amor: estaba nuestro buen amigo inmerso en sus aparatos, probándolo todo, aceptando todas las posibilidades, y Watson, junto a él. He aquí la prueba de que debía suceder así
: innumerables son ya los fracasos, y uno más viene a sumarse. Accidentalmente Watson desconecta un cable necesario para una de las pruebas. Se aleja a la habitación contigua, para disponer el orden de bocinas, cables, y toda aquella parafernalia que persigue una quimera. Y en ese instante, sucede: a través de la bocina que está allí mismo, escucha la voz nítida de su patrón: “Sr. Watson, venga acá, necesito verlo”. Nacía el teléfono. Las primeras palabras a través de él fueron un requerimiento.

Semillero

6:59:00 p. m. Posted by El Griego

A ver quien descubre de que se trata...

(Sentados frente a frente. Silencio )

(Ella)
¿No odias eso?

(El)

¿No odio qué?

(Ella)
Los silencios incómodos.

(Se miran. Silencio)

(Ella)
¿Por qué tenemos que hablar de
idioteces para sentirnos cómodos?

(El)
No sé. Es una buena pregunta.

(Ella)
Así es como sabes que encontraste
a alguien realmente especial.

(Silencio. Se miran)

(Ella)
Cuando te puedes callar un minuto
y estar enteramente cómodo, en silencio.

(Ella se levanta...a “empolvarse” la nariz)

P.D.: Este diálogo me ha dado varias ideas...

Deseo y Realidad ( Parte II )

9:45:00 p. m. Posted by El Griego

Ahora que sé el modo en que mirás abriendo grandes tus ojos ámbar y tu forma de pestañear lenta y acompasada, que sé cómo movés las manos para hacer dibujitos ilustrativos para tus palabras, siempre tan bonitas. Ahora que adivino que tu silencio quieto es un peregrino con hatillo al hombro que recoge flores, o piedras redondas. Ahora que sé adivinar que cuando me decís “Bueno, dale” con un gesto hermosamente impúdico, tengo que empezar la revisión de mi camisa de fuerza, porque es seguro que tengo una pelusa en la solapa, o me tiré encima alguna cosa o estoy despeinado. Ahora que sé que te gusta sacudir tu pelo que ondea rabiosamente y mirás a los lados cuando buscas las palabras como quien busca corales o mariposas, ahora que sé que tus manos son las de un chico, y no te gustan… Ahora que. Ahora. Ya no sos más la que yo conjugué como niños en la escuela: eras, serías, fueses, fuiste, seas. Deseos. Ahora ya no, ahora Sos Vos. Vos la que me regaló varias carcajadas nocturnales entre dos copas de vino, la que por un segundo me miró a los labios y me hizo perder lo que venía diciendo. Vos que me dijiste, “Vamos, caminemos un rato por el parque”. Ahora sos real. Y siendo vos, así, como sos ahora, hay eso que llamamos presencia, viste. Y fijate: no es solamente aquel estar tet a tet, es también esta prescindencia del mañana: estás aun cuando sean las cuatro de la mañana como ahora, o en el almuerzo en la oficina, y cuando voy a los ensayos con el grupo. Estás en las veredas con piedritas de la costanera, y estás en los adoquines del parque de los artesanos. Estás en la mesa del bar frente a la plaza, y en la página 593 de mi Rayuela. De nada vale ahora intentar hacer biombos trenzados de palabras para seducirte, si me mirás y se aniquila cualquier simulacro.
Hoy dejaste de ser una bonita idea, una postal dibujada a mi gusto. Sos tan vos, tanto, que duele.

Deseo y Realidad ( Parte I )

9:08:00 p. m. Posted by El Griego

Querida Haiku:
Así las cosas, siempre todas tan encadenaditas, tanto, que parecen preparadas para Uno desde el principio del tiempo: En el principio Bécquer, benemérito padre de la melaza, en paz descanse, en su archisabida Rima LXVI, en el verso final dice “donde habite el olvido, allí estará mi tumba.” Paciencia, paciencia… Omitamos rotundamente la demasiado obvia referencia Sabinesca o Sabinera que ese verso delata (en viceversa, mas bien) Vamos por otro camino, que está un poquitín más allá, en el estante, la raíz donde nace este tango. Luis Cernuda, el doblemente exilado, el conflictivo Cernuda, el que deambula mendigando amor entre historias que duran poco, y que terminan mal, que ofrece amistad y afecto y acumula decepción, recelo y susceptibilidad, Cernuda, entre su elitismo y un mundo de vulgaridad que nace de la ignorancia, de la necesidad y de la miseria. Y, sobre todo, una gran soledad: Cernuda: La realidad y el Deseo y en la quinta sección, Donde habita el olvido. Y resulta tan natural: no podía tener otro nombre su poesía (¡poética!) recogida en un volumen. Y aquí llegamos: ya de este lado del charco (sic) Olga, la pampeanita amiga de nuestro Oliverio, Olga Orozco… Mutaciones de la realidad: “La realidad y el deseo (a Luis Cernuda)”
La realidad, sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.

Sobre Famas

1:23:00 a. m. Posted by El Griego

¿La verdad? Me importa bastante poco si luego de esto me acusan de snobismo y frivolidad. ¿A qué ocultar lo que es completamente verídico? Les guste o no a los inquisidores y amantes de la crítica superveloz, tengo un montón de amigos famosos. ¿Y, qué, acaso un artista que conozco yo y sólo algunos amigos más no tiene todo el derecho a ser llamado famoso? Y conozco muchos, a no dudarlo. Verónica, para empezar. No hace falta más que tomarse un ratito para mirar sus collages magníficos, o leer uno o dos de sus textos. Se le sale por los poros el arte, respira belleza. Casos como ella, montones. Y de los otros, de los perfil bajo, muchos mas. Álvaro y su Yamaha de doce cuerdas, esa voz que tan pocas veces se deja ver desnuda; Pato y toda su capacidad de ver lo que yo escribo y convertirlo en dibujos y pinturas; Andrea y su increible manera de contar esas cosas que yo no consigo decir ni con media resma de papel A4. Es asi, amigos. Aunque me acusen de snob y frívolo: cada vez que uno de estos cronopios me deja ver algo de eso que saben hacer tan bien, me vienen unas ganas terribles de sacarme una foto con ellos y pedir un autógrafo.

Domingo y Zahir

7:54:00 p. m. Posted by El Griego

A veces me pasa, simplemente me pasa. Unas ganas enormes (oscuramente sé de donde vienen) me empujan sobre mi moto, hacia la noche, sobre el viento, sin rumbo. Pero no estoy siendo totalmente fidedigno: la que hay es una de las formas de la sustitución, una mascarada: lo que no soy capaz confesar, a mí menos que a nadie, es la necesidad, la terrible necesidad de un encuentro que no será más que el reverso de esta moneda y se volverá zahir y ya no me será posible pensar sin que me estremezca de vértigo. Y entonces será lo que siempre es: poner el vértigo fuera, volar, volar sobre dos ruedas, hacia las luces, hacia los claroscuros, hacia indefinición.

Variacion sobre Los cuentos de Ise ( II Parte)

11:40:00 a. m. Posted by El Griego

En Asincrónico Modo

XXX
Una vez un hombre envió esto a una dama a la que veía raramente:
El tiempo de nuestros encuentros
Sólo dura lo que un relámpago
Me digo,
Pero vuestra ausencia
Parece una eternidad

Llego por fin a la Terminal de Ómnibus, en Retiro. No tengo apuro. Restan aún dos horas para nuestro encuentro. Me falta todavía tomar el Costera Criolla, plataforma uno, autopista Buenos Aires - La Plata . El ticket en mi mano, una cifra para el asiento, la hora de partida, el valor del viaje. Calculo rápidamente: tardaré una hora más en llegar a La Plata. Perfecto. En un bolsillo del abrigo la dirección y el nombre del lugar que elegiste para esta ocasión. No conozco muy bien La Plata, pero creo que lo encontraré sin mayor dificultad. Y luego esperar a que llegues. Esperar…
    Llegaste hasta mí como irrumpen la mayoría de las cosas que se vuelven imprescindibles. Un improbable accidente: viste en alguna página una palabra mía, algún vómito con aire literario provocado por la ingesta indiscriminada de nocturnidad y alevosía. Lo demás fue como siempre sucede. La fuerza de las causalidades que nos arroja en un océano inclemente de palabras, que a veces nos perdona la vida y nos deposita en playas vírgenes o costas pobladas de otros náufragos que se reconocen por detalles ínfimos: una manera de decir, el color de una frase, la elección de una palabra en un momento dado. Un tema cotidiano como todos, pero visto con el ojo extraviado en la belleza. Una frase de Clarice Lispector, “quiero una verdad inventada”. Un déjà vu de perfumes, una rara afición por la melancolía.
    Casi sin darnos cuenta fundamos un territorio personalísimo donde nacieron bares ficticios, muchachos que olvidaban libros en alguna mesa y muchachas que los recogían para tener una excusa de volver a esa misma mesa con la esperanza de un encuentro fortuito. Como el nuestro.
    Yo esperaba anhelante frente al monitor a que aparecieras trayéndome montañas de onomatopéyicas carcajadas, e hicieras un desfile íntimo de pésimas fotografías movidas, o con capturas de tu pose-sonrisa con ojos cerrados o en alguna descuidada postura incriminatoria. Y montones de anécdotas lacrimógenas que ponían en evidencia la total falta de circunspección de tu pasar por este mundo y el sistemático desinterés por un status quo obligatorio y moralista.
    Nos gustaba encapsularnos hasta la embriaguez en esa región particular que construimos con tangos de Astor Piazzolla, con poesías de Alejandra Pizarnik y los insustituibles y amados cuentos de Julio Cortázar, nuestro paredro. Pasábamos horas enteras conversando de temas imposibles, riéndonos a carcajadas de nuestros propios rostros desfigurados de ternura y deseo.
Una taza de café a medio vaciar. Un cenicero que pide inmediata profilaxis. Afuera la tarde que solloza mansamente. Adentro, una pareja sentada unas mesas mas allá, conversa en voz baja. Afuera la lluvia, una plazoleta, un perro deambula indeciso indiferente al tiempo, automóviles con los limpiaparabrisas que saludan, gente apresurada camina encogida bajo paraguas. Adentro los cristales de las ventanas empañados, de a ratos, lloran también. Mi libreta de notas abierta y el bolígrafo junto a un libro de Marlowe. Una frase escrita hace unos minutos: "No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final."
    Y un día la piel nos anunció su urgencia, y en cuerpo y sed nos entregamos solidarios y sumisos a la consumación del antiguo culto a Eros. Y entonces la boca se nos desbordó de apretados besos súbitos y lentos. Nuestros brazos entrelazados urdieron artesanalmente su símbolo perfecto. Yo esculpí tu cuerpo tembloroso con mis manos ávidas. Vos me dibujaste con los ojos cerrados un corazón en el pecho. Y por fin los dos nos colmamos de infinita ternura y silencio.
    Nos quisimos. Nos quisimos viajeros de sur a norte y del silencio al grito, entre Córdoba y Buenos Aires nos quisimos, con andenes y terminales y valijas e itinerarios en taxis bicolores. Nos quisimos amantes en un hotel de media estrella y cielo raso con espejos, entre ásperas sábanas y empalagosos perfumes nos quisimos, errantes entre las diagonales laberínticas de La Plata. Nos quisimos entre cafés y cigarrillos, en un fondín sin ventanas y primer piso, escondidos de las miradas acusadoras de los inquisidores. Nos quisimos noctámbulos de a cuatro bares por noche e incontables confesiones en todos los bancos de todas las plazas, entre copas y dos botellas de vino tinto y teatro de ciegos nos quisimos. Nos quisimos fervientes en un cuarto de pensión en esta ciudad con campanas, ensimismados lectores de Pessoa y Süskind con fondo de Bach y Las Variaciones Goldberg nos quisimos. Nos quisimos extáticos con ojos bien cerrados y el alma absorta con una melodía de Miles Davis. Nos quisimos caminantes entre San Telmo y el Puente de Las Mujeres, arqueólogos devotos de las librerías de Corrientes nos quisimos, en un bodegón español y con frutos de mar y sin probar bocado, y entre los eucaliptos del Parque Sarmiento entre mate y lágrimas nos quisimos. Nos quisimos, tanto y de tantas maneras.
Miro el reloj por enésima vez. Llevás quince minutos de retraso y ya hace más de cuarenta y cinco minutos que te espero. Pido otro café para distraerme. Menos mal que siempre tengo la precaución de traer algo para leer. Supongo que si logro matar el tiempo esta ansiedad se va a aburrir de tomarme el pelo, y dejará de hacerme encontrar en cualquier mujer que pase por la vereda un parecido a vos, a tu manera de andar, a tu cabello siempre revuelto, o la forma de tu cuerpo o tu espalda, solo para descubrir el error y reír en silencio pensando qué dirías si te contara. En cualquier momento vas a trasponer esa puerta con una sonrisa suspendida en tu rostro, como siempre que nos vemos, como tantas otras veces.
    Pero junto con nuestro arcano accidente, también descubrimos que éramos dueños de abismos demasiado hondos e inciertos . Que fuera de nuestra cápsula particular el mundo seguiría esperándonos allí para el inevitable ajuste de cuentas y saldos. Que tanta cosa irrenunciable que fue cayéndonos encima como una lluvia ácida, nos dejó tal vez una estela de claridad demasiado agostada e inasible como para irradiar la necesaria luz que nuestra verdad entrañablemente concebida exigía para seguir siendo. Sin que nuestra mística se agotara en la inercia y el tedio, sin claroscuros de presencias y abandonos, sin un sólo juicio sobre hechos e intenciones. Sin lágrimas, casi sin decir palabra, sin desamor. Tan sólo con un abrazo, un último anillo silente de inmenso cariño, nos alejamos.
    La misma ventanilla de ómnibus que recibió otras tantas veces nuestros besos arrojados como flechas incendiarias nos vio esta vez mirarnos fijamente desde una distancia ya insalvable y final. Yo te miraba desde el andén. Cerraste la cortina como si fuera un gesto de renuncia a salvar esa imagen como postrer recuerdo. Comprendí tu solicitud silenciosa. Partí cabizbajo, apretando los labios para no gritar.
Me avisás por un mensaje de texto que estás demorada, que un paciente llegó fuera de turno, que vas a llegar más tarde de lo previsto, que te disculpe y que ni se me ocurra irme.

Variacion sobre Los cuentos de Ise ( I Parte)

11:38:00 a. m. Posted by El Griego

En mi cuarto no caben más muebles. Resta apenas el espacio necesario para moverme: me encuentro cercado por la cómoda para los trapos (sólo los de estación, no pida mas, amigo) una mesa de luz con despertador radio portátil vaso con agua nocturna sed. Hombre prevenido, se sabe. Con un paso recorro el intervalo que va de la cama al escritorio con la computadora y una silla, y dos pasos más sobran para ganar la puerta.
En mi biblioteca no caben más libros. Una pared con tres módulos de estantes completos. Sobre cada línea de anaqueles repletos de tomos verticales, otros menos afortunados apilados en modo horizontal; sobre la cómoda, varias pilas de horizontales; sobre el televisor muchos de los más queridos, o frecuentes, o más recientes. También horizontales. (Leía hace unos días que entre algunas elites pseudoculturosas es un pecado intelectual mirar televisión. No se sulfuren, inquisidores. Este aparato pide hace años la visita de un técnico). Y los de la mesa de luz en posiciones varias, y los del bolso de mano, la lectura de turno. Ah, no olvidar. Los de facultad encerrados en una caja de cartón, bajo siete llaves.
(Adición realizada luego de hablar con S.: En mi cuarto no caben más muebles, en mi biblioteca no caben más libros. En mi mente los recuerdos amontonados en descomunal desorden. Y el aguijón de sentir la exigencia obsesa, la ardua necesidad de ser cabal con mi tarea de restaurador curador lutier: ellos vienen, irrefrenables, impolutos y obcecados. Entonces el insomnio a medio día: operación de atender sus pretensiones en tiempo y forma, sus voces estridentes, sus rapsodias y sus calidoscópicas figuras. En mi mente. ¿En mi corazón no cabe más? ¿Qué más? Que no haya más territorio para un dolor antiguo, moderno o contemporáneo. Que la piel no se condene descubierta para ganar una herida. Que se clausure la venta de odios y rencores, antipatías, aversiones, resentimientos y todas sus prosapias. Que se preserve de tanto naufragio un rincón tranquilo con pájaros nocturnos. Que en una grieta reseca se salve una semilla de cualquier flor silvestre. Que mi cuenco de sangre y tambor se vacíe de terror a la ausencia. Que consiga decir sin más, como Luis Eduardo: Prefiero, amor, amar…)
Esta tarde garabateaba un texto. (La expresión es errada, por cierto. Bendito seas, editor de texto. Enriquecido, según reza el Léame. Bendita tecnología. Amén) Recordé haber leído alguna cosa, y en un arranque de precisión me levanté para buscar el volumen en el que suponía estaba la raíz de mi recuerdo. Que soy torpe manipulando objetos no justifica el resultado: de entre los horizontales literalmente saltó al vacío un tomo que hace años se encontraba aprisionado entre congéneres. Los cuentos de Ise, Ariwara No Narihira. Biblioteca Personal Borges, tapa dura, negro azulado con letras doradas. Como no podía ser de otra manera, el libro volador se abrió, así, natural, descuidadamente. Leí.
Sobra decir que no era el libro que buscaba, que olvidé por completo la cita que originó mi movimiento y el consecuente intento de suicidio de aquel libro, y que los micro universos de haikus me enredaron con sus tramas sutiles.
Los designios son así, simplemente suceden. Como el arte, como el amor. Ya no pude sustraerme a la tentación que cayó sobre mí. Borges mismo presagió en el prólogo al libro de Narihira lo que sería mi travesura: imaginar circunstancias que justifiquen esos versos.

Acuarela

1:38:00 p. m. Posted by El Griego

Pienso en vos ahora.

Y decir pienso en vos es también decir que pienso en la noche de anoche, en la noche y lo bien que se sentía ese suspiro fresco de la luna; en la ciudad de noche, en la ciudad y sus semáforos y las luces y la gente, la ciudad y su laberinto de calles, en vos y en mí; en vos y en mí, otro laberinto.

 
Pienso en este azar singular que nos obliga a llegar alternadamente tarde a nuestros encuentros, en lo tan temprano que se nos hace tan tarde; pienso en lo difícil que nos resultó encontrar los sanitarios en el Patio Olmos, y en ese llamativo manual del Olmos que tiene de todo a cuatro colores y en papel ilustración, y todo muy bonito, pero que carece por completo de un mapita de los sanitarios para la gente como uno, que no sabe hallarlos.

Pienso también en el despiste sistemático que nos empuja a cruzar avenidas casi sin mirar a los lados, en las francas puteadas que nos habrán dado esos tipos que casi nos atropellan en Estrada, en tu docilidad y en mi osadía, en la acrobacia de ballet que hicimos en la mitad de la calle cuando te alcé y en un giro estuvimos de nuevo sobre la vereda, muertos de risa.

Pienso en aquel señor que te recomendó unos sabores tan incoherentes en la heladería, en la salsa de arándanos que no nos ofrecieron y que imaginé deliciosa, en lo civilizados que fuimos en no reclamar aquella salsa de frutos rojos, en lo civilizados o complacientes que fuimos y al fin y al cabo para qué reclamar, en lo rico del helado de uvas al Rhum, y en lo necesario tomar un curso para sorber helado de uvas al Rhum sin ensuciarse las manos.

Pienso expresión de feliz cumpleaños mezclada con detective privado que había en la cara de Julieta cuando nos vió, y pienso en cuánto te vas a reír cuando te cuente lo que estuvo escribiéndome esta tarde, en la cantidad de gente que había en todas partes, y cuán poco me fije en la gente que había, yo, tan curioso siempre por lo que hace y dice la gente.

Pienso en vos y en mí, en vos y en mí en el Paseo del Buen Pastor, en vos con las luces de la capilla de fondo, en vos que estabas como estás en esta foto tan bonita que conseguimos, en que conseguimos una foto tan bonita de vos bonita con las luces del Paseo de fondo, en el sonido del agua del Paseo, en aquel bebedero y en vos bebiendo agua, y una pregunta acerca de lo conveniente de beber ese agua del bebedero después de beber el agua; pienso en vos sentada al borde de la fuente con un fondo de agua y noche y estrellas y luna y luces.

Pienso en la particular forma que terminó teniendo nuestro cadavre exquis in duetto
, en los versos que escribiste y que se me transfiguran ante los ojos ahora y en que me resulta casi imposible no sonreír como pavo, en lo que me dijiste en esos versos que me hicieron sonreír como pavo; pienso en vos y en las veces que te oí reír desde bien adentro, y pienso en esa otra risa, esa risa que da me da risa pensar como risa, y también pienso en el ángel que se te sale de los ojos cuando reís.

Pienso en el susto que te di cuando aparecí por detrás y vos tan distraída y en que bien pude terminar desparramado en medio de la fuente, en el estuche de tus lentes preparados como un arma mortal en caso de, en caso de... y en si hubieses hecho uso del estuche de tus lentes en caso de...

Pienso en un semáforo en rojo y autos veloces que se acercan, y yo, ahora sí, y vos, ahora, crucemos, y yo un paso adelante, y vos indecisa y recelosa, y yo un brazo y una mano tendida hacia atrás, y yo, vení, y yo miro adelante y vos casi corriendo y vos, eso es trampa, y yo, que pequeña tu mano, y yo un poema de Julio que no te leí, y ahora es tan agradable tener tu mano como un sapito en mi mano, y es tan natural ir así con un sapito en mi mano, y yo me alejo un poco jugando, y vos el sapito sigue ahí y quizá se siente bien ahí y quiero que se sienta bien ahí...

Pienso en vos ahora. Y vos sos más que toda la noche.

Nocturnidades

11:02:00 a. m. Posted by El Griego

Lejano, intenso, urgente y preservado del tiempo, ya inmortal. Muerto vivo, suena Miles Davis. Lo veo aferrado a su gran oráculo negro y dorado, disparando eternidad y trozos de tiempo en escalas. Te veo a vos que no estás en este cuarto, ni en esta casa, ni en la manzana. No estas en Córdoba, no estás conmigo en esta cama que de pronto es inmensa.

Y ahora es tan fácil imaginar que vos tampoco conseguís dormir, verte ahí, atravesada en tu cama, enredada entre sábanas, almohadas y ropa de dormir. Atravesada también por esto. Esto que ni vos ni yo necesitamos nombrar aún, tal vez para ordenarlo y clasificarlo.

Rótulos. Como los de los frascos en la alacena de la cocina. Y esto es la esperanza, y aquí la alegría. Agregar además un poco de cordura y sentido común. Un poco de sal, una pizca de comino y pimienta negra. Rótulos. Ah, por cierto, muy importante: sazonar la mezcla con pasión a gusto. Las recetas.

Pero dónde nadie aprendió alguna vez la farmacopea de la felicidad. Y ahora me dirás como aquella otra vez: he descubierto que la felicidad no existe. Y pensaré entonces, sin decirte nada, cuántas postergaciones, cuántas renuncias, cuánta paz alquilada amortizada con ásperos silencios habrán hecho falta para dejar de creer.

Pero ahora vos tampoco conseguís dormir.

Para espantar este insomnio que porfía en tejer y destejer esta trama del derecho y del revés, sin mirar agarro del montón de libros de la mesa de luz uno cualquiera. Me sonreís en la pantalla del monitor. Me miras ladeando la cabeza. ¿Espiás que leo? Creo que a vos también te gustaría este tomo, El libro de la risa y el olvido, Milan Kundera.

Los ojos pasean, caminan párrafos enteros y como un murmullo lejano me entero de que Karel piensa : “delante de todo hay una gran pera y mucho más atrás un tanque, pequeñito como una mariquita que en cualquier momento puede levantar el vuelo y desaparecer. Ay, si, en realidad mamá tiene razón: el tanque es mortal, y una pera es eterna”. Inmediatamente recuerdo esa otra figura: una mujer hastiada de un mundo hacia el que no siente mayor apego, decide caminar para siempre con una flor de nomeolvides azul frente a su rostro, ya para siempre sin memoria.

Y ahora vos tampoco conseguís dormir.

Y sin embargo ahora aquí hay de todo menos falta de memoria. Y menos aun deseo de perderla.

Cartas de Cyrano ( II )

11:34:00 a. m. Posted by El Griego

“El azul da a los demás colores su vibración”.
PAUL CÉZANNE


Desde algún lugar del mundo.

Estimada Dama, Azul:

¡Con qué placer he leído su esquela! Había comenzado a dudar de la eficiencia de los funcionarios de correos. Es fama que gran parte de los desencuentros entre las personas a través del tiempo han sido ocasionados por los malos hábitos de los empleados postales. Aunque, a ser justos, tenemos también algún memorable cartero, como aquel que llama dos veces, o el de nuestro estimado amigo, don Pablo Neruda, y, más moderno, el “Mr. Postman” de ese grupo de jóvenes flequilludos de Liverpool.
¿Cómo se lleva usted con las elecciones, cómo cuando le toca optar por una alternativa entre muchas? Y es que una disyuntiva invita siempre a la duda. Un antiguo relato de viajes cuenta sobre un caminante que se pierde en los túneles oscuros de una ciudad subterránea, sin más luz que la que podría conseguir con la yesca con que da lumbre a su pipa. Avezado en los menesteres propios de la aventura, no desespera de su situación, que por cierto, no es para nada halagüeña, se sienta, apoyándose contra una de las paredes de la caverna, enciende su pipa, y mientras presiente que el humo del tabaco se eleva en suaves volutas, comienza a escarbar en su mente en ese otro humo: evoca sus recuerdos (recordar: del latín re-cordis: volver a pasar por el corazón). No lleva cuenta de cuánto tiempo hace que le ocupa esta tarea. En cierto momento una brisa fresca le acaricia el rostro y le tiende una mano que lo invita a la salida de su encierro. La espera le ha mostrado la opción a seguir.

Debía yo elegir un camino entre todos los posibles para arrimarme a su mundo, como bien usted lo ha llamado. Me pregunta usted si juego con su curiosidad. Y ha dado en el blanco, aunque quizá sea precisa alguna apostilla.

Le hablé la última vez del azar y sus juegos. La invité también a un juego, por cierto. ¿Me permite una digresión? Robert Desnos, Paul Eluard, André Bretón y Tristán Tzara, cuatro tipos bien sesudos, representantes todos de la corriente surrealista de principios del siglo XX estaban redondamente aburridos de Paris y las luces y de tanto barrio latino y Sena y torre Eiffel. Uno de ellos (la historia no dice cuál) propuso un juego colectivo: uno de ellos escribiría una frase en un papel y luego la ocultaría realizando un pliego, dejando ver solo una o dos palabras. El siguiente jugador retomaría desde allí y aportaría una nueva frase, con lo que al final tendrían un texto escrito a cuatro (o más) manos. La historia cuenta que una de las frases que en aquel primer juego quedó plasmada fue “Le cadavre exquis boira le vin nouveau” (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo). De ahí en adelante este juego, convertido cuasi en una técnica de los surrealistas, se conocerá como “Cadáver Exquisito”.

Elegí jugar. La invito a jugar. Escribamos un “cadavre exquis” de a dos. Que este ir y venir de palabras sea espejo y estanque y una mirada en la que mirarse.

Juego, es cierto. No con su curiosidad. La invité a inventar una estrella. Acaso sea más apropiado decir que la invité a que tejamos un universo.

El curriculum vitae. Tiene usted razón. Al menos en parte. Poco es lo que dije de mis datos curriculares. Pero es tanta la confianza que tengo en mi estrella que se que usted podrá verme en cuatro colores y tamaño real y tres dimensiones.

La niña imaginó una estrella como una lágrima del cielo.

La mujer que me mira a través de este mensaje en una botella.

Una lágrima puede también ser una sonrisa. La niña no era una niña tonta. No podría serlo. La niña ve una estrella, sueña con ella, y se convierte en mujer. Ella es también una estrella…

Desde algún lugar,

Cyrano.


“Qué bendición hay en lo azul. Nunca imaginé que lo azul pudiera ser tan azul”.
VLADÍMIR NABOKOV

Cartas de Cyrano ( I )

11:33:00 a. m. Posted by El Griego

Desde algún lugar del mundo.

Estimada “Dama Azul”:

Finalmente me decido a lanzar esta piedrita a su ventana, con la secreta esperanza de que el azar y mi estrella me acompañen, y se asome usted por un momento, así no sea más que por mera curiosidad…

Siempre resulta curioso pensar cómo las cosas pueden ordenarse, o desordenarse mas allá de todo lo concebible. Quizás ahora que usted lee estas líneas se halla cómodamente sentada, con una bebida a mano, abanicándose para espantar el calor. En cambio yo ahora me he puesto un abrigo, porque ha refrescado, y llueve mansamente, y las Variaciones Goldberg, y la madrugada. O tal vez para usted es la tarde de otro mes que éste en el que escribo, y mi futuro es su presente y ahora usted se recuesta con este pliego en sus manos, y yo camino un parque o leo un libro.

También puede ser que usted no guste de proceder metódicamente y ha comenzado a leer desde mi firma hacia arriba, como quien sube una escalera de espaldas y descubre que existe un lado oculto de las cosas. (Haga la prueba con cualquier escalera exterior. Piense que muy poco antes, la última vez que trepó esa escalera de la forma usual, el mundo de atrás quedaba excluido por la vista de la escalera misma. Pero basta con subir esa escalera para atrás, y verá cómo todo un mundo nuevo, antes abolido por el método y la costumbre, aparece como nacido en ese instante). En cambio si su mirada esta posada en este mismo renglón, estará trepando un peldaño agregado por mi mano indecisa poco antes de enviar esta misiva…( * )

Juegos del azar.

Yo desperté esta tarde de una necesaria siesta y cuando me dirigía a comprar víveres descubrí una nota introducida por debajo de la puerta. Era de un amigo cercano. Tenía apenas dos renglones. “La encontré. Es ella”, y luego una dirección, ésta que ahora utilizo en este intento de acercarme a usted. De nuevo, la trama de un travieso azar me pone en las manos la punta de un cordel (pienso ahora en un mito, una Desdémona, un Otelo, un Minotauro). ¿Y a dónde, a quién me llevará?

Juegos.

Si ha llegado hasta aquí (sea que haya empezado desde el encabezado, o desde mis señas) intuyo que está tentada a asomarse a la ventana y ver quién anda en su jardín arrojando guijarros a su ventana.

“¿Y quién golpea a mi ventana?”, pensará usted. “Es ella. La encontré”.

De nuevo las piezas de un puzle que mezcla formas, que inventa coincidencias y en una nube dibuja un caballo alado.

Pero ciertamente se hace preciso que tenga usted al menos una referencia. Por discreción y también travesura, voy a dejar en suspenso mis datos curriculares, que irán siéndole revelados cuando alguna situación lo requiera, o su curiosidad los haga necesarios. Mientras tanto le solicito acepte nombrarme, simplemente, Cyrano.

Hace un rato (unos minutos para usted, un par de horas para mí) escribí “mi estrella”. Es notable que su dirección contenga el color azul. Desde siempre me ha gustado ese color… (Cielo – azul – estrella – azul- cielo). Y quizás sea cierto que mi amigo ciertamente tiene esos poderes que tantas veces se atribuye. Y acaso… ”Es ella. La encontré”…

La invito, Dama Azul. Asómese a su ventana. Ese sonido que escucha no es un pajarillo ni un gato juguetón. Tiéndame usted la punta de un ovillo. Desenredemos el azar, inventemos una estrella y que el azul que es cielo nos preste por un rato las alas. Sin método, sin formulas. Arrimándose. Ahí viene un juego con espacio para dos. ¿Nos subimos, o lo dejamos pasar?

Desde algún lugar,
Atentamente,
Cyrano.


( * ) Paráfrasis sobre un audio de Julio Cortázar

Sobre Ojos y Cerraduras

11:16:00 a. m. Posted by El Griego

Y para que engañarse. Usted, Paloma mía, es fatalmente encantadora cuando se pasea de esa manera tan desenfadada, con esa soberana lozanía de capullo matinal. Es más: casi debería decir cuando se pasea desnuda. ¿Por qué me mira con esa expresion en la cara?


El era un consumado artista del ojeo, midiendo la noche desde su atalaya. Resistiendo los envites de los mirares ajenos, hasta que le echaban humo las pestañas. (1)


Yo me deleito observándola desde este lugar de maravillas, donde, juraría, pocos habrán conseguido mirarla. Y siento un placer casi impúdico al mirarla.

Desde el ojo de esta cerradura la percibo a usted, como se perciben las casas bajas desde los altos balcones de un edificio. Esas casas que tienen todas una fachada casi idéntica. Pero basta con tan solo otear desde un punto estrategicamente elegido, una atalaya como la de este voyeur, para distinguir sus patios traseros: en algunos de esos espacios a veces hay suciedad y abandono. También bicicletas viejas arrumbadas contra alguna pared despintada y macetas apretadas de la flora del mundo. Y gatos y charcos de agua. ¿Se ríe? Y es que usted no lo sabe. También allí arriba comienza el cielo de verdad, y uno puede beber jugos de luna y hacer algodón de azúcar con las nubes bajas.


Comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma. Que también en una boca, en un amor, una novela había que subir (…) Pero tenga cuidado (…) Hay cosas que solo se dejan ver (…) y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto (…) Cuidado con esa silla, cuidado con esa mujer. (2)


Me alucina ser su voyeur, Paloma mía. Me seduce espiarle el alma a sus deseos. Me hipnotiza comer con los ojos la fibra de su instinto. Me gusta adivinarla, presentirla y saber que eso no la incomoda. Y diré mas: al contrario, intuyo que le es delicioso. Como correrse un bretel muy ajustado y rozar suavemente la piel enrojecida.


Cuando ella respondió al torniquete de su mirada con el navajazo de sus ojos (...) el se dio cuenta de que la vida le regalaba una compañera para sus juegos. (1)


Y ahora descubro en usted un búmeran: se baja mansamente los breteles apretados de sus recelos, y suelta por fin la sospecha y el escrúpulo que le apretujaban las alas. Y atrapo en su rostro la seña inconfundible del cómplice, el guiño que abre este juego de confundirnos y reconocernos. Y dejo de ser su voyeur y me convierto por fin en esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra, a la orilla de la chimenea…(3)


Y toda la maravilla del universo nos embriaga.




(1) De "Mírame y no me toques", Joan Manuel Serrat

(2) Del audio "Instrucciones para subir una escalera al revés", Julio Cortázar

(3) De "A orillas de la chimenea", Joaquín Sabina

Alambres Invisibles

11:35:00 a. m. Posted by El Griego

Y si supieras la cantidad de cosas que tenia ganas de decirte! ¿Habrás visto que casi me lanzo al abismo de tu boca, que en un momento el arrebato me cegó al punto de que solo necesité tus labios como único sostén para mi vuelo?

Y me gusta imaginar que sonreías para mi, que vos estabas también temblando de emoción cuando yo te miraba casi acariciándote con mis ojos y mis manos cerradas rozaban apenas el borde de tu mano que estaba ahí tendida como una invitación.

Y sin embargo, si elijo escribir sobre vos es sencillamente porque no puedo hacer más que mentirme así que te acerco un poco, mentir que es tanto menor la distancia y que acercándote en palabras te extraño un poco menos.

Pero te vas desdibujando de a poco. En mis ojos cerrados trato de impedir que te vayas y te agarro de las pestañas pero te zafás y te borrás de a poquito y yo te persigo, pero vos corrés mas rápido y final ya no te veo y detrás de los árboles te busco y ya no estás. Ya te fuiste otra vez.

Y en ese entonces ni siquiera imaginabas quien era yo, quién detrás de la sonrisa que te obsequiaba cada día sin fijarme siquiera en si te dabas cuenta de que era a vos a quien sonría y que no tenía ningún tipo de tic nervioso o alguna cosa parecida. Y eso eras: una fiesta en una casa grande y lujosa con muchos invitados y todos riendo y divirtiéndose, bebiendo la VIDA a grandes tragos. Y yo un gris señor que pasaba cavilando por la vereda y te espiaba furtivamente deseando que nadie pasara en ese momento.

Cuántas veces al mirarte me pregunté que sería lo que estaría pasando en ese momento por tu mente. Y es que en esa época aun eras Azul-la-extraña-mujer, la siempre ausente. Algunas veces entre humo pude ver algún atisbo de vos, de esa que allí detrás de una muralla vivía.

¿Cuándo fue que nos miramos por primera vez? Ojo, no me refiero a esa vez en que nos saludamos en la presentación de rigor, cuando alguien que yo conocía y te conocía a vos nos acerco en ignorancia total del peligro que eso supondría para cada uno de nosotros, no. No me refiero a la primera vez que te plantaste frente a mi con todo tu orgullo de hembra orgullosa de serlo y desafiante y pedantemente te hincaste con los pies siempre dispuestos a demostrar lo bien plantados que estabas sobre la tierra. Porque creo que esa vez ni siquiera nos vimos: éramos dos extraños que coincidían en espacio y tiempo, pero solo eso.

Además, que interés podías tener en un hombre tan opaco como lo fui siempre yo, vos, que siempre estabas ahí brillando frente a todo el mundo, centro y origen de toda la energía del universo en que por un mero capricho de algún dios coincidimos. A veces, y aunque cueste, porque ya visto todo desde acá la cosa no es tan clara, trato de acordarme de cómo fue que me fuiste modificando el firmamento aburrido y monótono que era mi vida (esa palabrita…) antes de vos.

Y si. Solemnidad sobre todas cosas: antes de vos y después de vos. Y que alguien me diga que es una idea demasiado romántica para ser verdad. (*)

Y siempre me escondía de una verdad que me era odiosa, de las certezas que todos parecían compartir y en mi eran simplemente aire. Allí estaban todos siendo una cosa que yo no podía concebir como cierta: o era esa una verdad a medias, un esfuerzo pactado entre todos en silencio para creer que de eso se trata la vida, un parecer, un aparentar que se vive, que se es así, nada mas, en esa superfluidad nunca reconocida…era eso o que yo había nacido con un defecto, con una minusvalía que me impedía realizarme y ser.

Cuantas veces me habré sentido como imagino se siente un zurdo que va a comprar algún accesorio y descubre que a nadie se le ocurrió que un zurdo lo podría llegar a querer y se fabrica únicamente para que lo usen los diestros…

Y así esta vida iba siempre hacia la derecha y yo que tengo una pierna más corta que otra parecía ir siempre chocándome con todos, porque por una cuestión en la que se combina la gravedad con la caída libre iba yo siempre tendiendo hacia el otro lado, rojo en vez de blanco o azul y así siempre.

Alguna vez me pregunté cuál fue el momento en que me salí de la rueda, el momento en que dejé de ser un engranaje más de la máquina. Pero al instante se produce la división celular y la duda se multiplica: ¿es que fui alguna vez parte de ella?

Porque cuando lo pienso creo intuir que siempre presentí la sospecha de alguna cosa que falseaba la verdad, sonido a frase prefabricada, una de esas frases que se dicen cuando hay que decir lo que hay que decir, de alguna manera era un admitir (por fuerza?) lo bueno de la serie a pesar de haberse visto los alambres ( cuando era chico pasaban por TV una serie de aventuras protagonizada por marionetas. Había veces en que los alambres con que las movían se veían y entonces la magia de que un muñeco de trapo mueva la boca para hablar se desvanecía. Pero en un instante uno se olvidaba de los alambrecitos, porque El Capitán Escarlata era demasiado valiente y su flota intergaláctica todo un placer y al fin y al cabo unos alambrecitos se olvidan tan rápido…)

(*) Nota del Autor: Desde aqui el texto original, escrito alguna madrugada olvidada, es un divague sobre otro asunto. Sólo por un sentido (tonto?) de fidelidad a la mano que escribió, no ha sido quitado de esta transcripción.

Semblanzas

11:30:00 a. m. Posted by El Griego

Porque mi suéter está al revés, y porque el color de esta camisa no está en los catálogos de moda. Porque mi cabello se olvidó del peine del estilista, y porque este par de anteojos que tanto me gustan son los que le han robado a la estatua de Woody Allen en Oviedo. Y entonces alguien me dice “que inapropiado”.

Identidad…

Y sé que naci salmón en medio de ovejas. Cuántas veces la normalidad, esa condición del ser que jamás comprendí, me abofeteó en la mitad del rostro, dejándome una sensación de extranjero entre iguales.

Y en mi todo se rebela, porque en mi mente rompo lanzas para mantenerme integro, para no falsearme, para no abandonar este rostro y esta voz que sé que son mías, estas intuiciones de utopías en las que creo y a las que me aferro.

Todo lo que realmente quiero es algo de tolerancia y un modo de calmar esta voz enojada.

Porque también esta este cansancio, estas ganas tremendas de patear el tablero, esta insufrible inercia que a veces me deja plomo en los brazos, agua en los ojos, frio en el pecho, mientras me frunce el ceño y me agota.

¿Te canso? Tal vez vos también terminarás pensando que deliro. O que me enrosco con hilos de humo, que lo único que consigo con mi manera de pararme frente al mundo es amargarme y hacerme daño innecesariamente. A lo mejor vos tampoco comprendés este afán que tengo cuando quiero disecarlo todo, cuando el gran ojo se abre y pone bajo la lupa cada insecto, cada fibra, cada partícula de tiempo que me roza y me huella.

Identidad...

Qué no daría por encontrar un amigo del alma. Y si te escribo es porque aun creo, porque todavía me figuro que existe ese “vos” sin nombre que en algún lugar me busca para emocionarse conmigo, y caminar en el anochecer, simplemente caminar y guardar silencio, sabiéndonos perfectamente acompañados, sin la necesidad de que medie una palabra explicativa que venga a romper la magia con una grotesca explicación de cómo y porqué.

Y qué no daría por conocer un semejante. Y si digo semejante no creas que espero hallarlo en un espejo, no me pienses un inválido precisado de bastones y muletas. No espero un “vos” que me de siempre la razón y ceda a cada capricho o locura mía. Cuando digo semejante nombro a ese que me acepte sin parcelarme, sin reciclarme, sin modificaciones por cambio de firma.

Y cuántas veces me hallé con las manos ateridas de ternura mientras se marchitaba una caricia sin que encontrara destino. Si te contara de los abrazos maduros que esperan para colgarse en en otra cruz, en otros brazos.

No tengo prisa, podría esperar eternamente.

Pero esto lo puedo decir ahora, antes no, porque más de una vez me conformé.

Me conformé.

Y sé que esto es admitir mi carencia, es reconocer que alguna vez podé mis alas, fui recortando trozo a trozo la tela que tanto me coste pintar, hasta quedarme con la caricatura de lo que soñé.

Esperar.

Mientras tanto viviré como si no hubiera un mañana, como si en este segundo la trompeta del final retumbara quebrando el tiempo, mi tiempo, y el cordel que me ata a tierra se deshiciera soltando amarras.

También, mientras tanto están los apremios legales, y los otros, las locuras y el sonido de las mentiras cayendo alrededor, el perro rabioso que persigue mis talones, la fabrica de mascaras que exige ser gerente de mi rostro, el tiempo empaquetado en su circulo vicioso, hostigándome. Los conflictos de afuera. Y mi deseo de beber completo el cáliz de mi vida, y la soledad siempre presta a trabajar horas extra, siempre presta a ocupar plenamente el tiempo donde nadie me espera.

Identidad…

¿Por qué estas tan paralizada de silencio? ¿Te fastidio? Acaso mis palabras sean demasiado grises para vos, o tal vez te impaciente mi melancolía. Debés estar preguntándote porqué soy tan implacable y desencadenado. Y bien sé que ahora podrías estar sentada disfrutando de un buen libro, o haciendo nada mientras la música lo hace todo por vos.

Y es que ahora todo lo que necesito es un alma para cavar un abismo mas profundo.

Y si te escribo es porque aun creo…

Te daré cantidades infinitas de completa tolerancia si la querés, no me deberás nada por darte amor como éste que yo te doy. Te doy las gracias por recibir, es mi privilegio. Podés pedir espacio para vos y solo para vos, y yo te lo garantizare. Y no hay cadenas atadas a ello.

Niño que Sueñas

11:30:00 a. m. Posted by El Griego

Pero despierto y hay ruido por todas partes, la gente pasa corriendo en todas direcciones y todos parecen ir tras de algo o alguien que se les escapa. Entonces me levanto y estoy aun aturdido y mi cuerpo medio entumecido no sabe mantenerse en pie, y tropiezo y casi caigo, pero logro prenderme de una barra de metal helado y negro. Y recién ahora comprendo que es esto una estación de trenes o autobuses, aviones o cohetes a la luna.

Allí, delante, hay unos que se abrazan y lloran, y parece como si hace mucho tiempo se hubiesen estado esperando y buscando. Yo los miro…”y si, tal vez, entonces” y el corazón se me estremece y pienso que acaso estoy allí siendo esperado por alguien a quien deseo ver también desde hace tanto.

En ese momento observo que hay gente que sigue esos carteles que gritan unos “Felipe Robles” otros “Paula del Cedro y Flia” y trato de recordar el nombre mío. Pero me duele tanto la cabeza que no logro recordar nada. Y en un segundo me cubre un sudor frío, y tiemblo y me estremezco: no sequien soy. Oscuramente ahora, una intuición después, ¡por fin recuerdo! Y entonces una alegría indecible me salpica el rostro y mis ojos buscan el nombre que soy en las letras de los carteles que desfilan por enfrente, llevándose una vez un solo nombre y otras veces varios nombres de una vez.

Repito el dibujo de los labios que van diciendo los nombres de quienes ellos buscan, la curva de las bocas que preguntan por esos a quienes alguien espera con ansias y con un abrazo madurado en la distancia y la carencia. Pero ningún cartel dice el nombre mío, ninguno de esos labios dibuja el dibujo que mis labios dicen cuando me nombran.

Y otra vez me alegro porque un poco mas allá veo una ventanita en la que algunos hacen fila: tal vez allí me digan quien es el que me espera, quién el que sabe quien soy y tiene junto a su pecho un abrazo maduro que espera mi abrazo como la tierra espera la lluvia}, y tal vez al verme ese que espero desde hace mucho con abrazo colgado en el pecho llore al verme y yo deshaga en lagrimas por fin de alegría.

“Informes” dice el cartel donde hacen fila esos, que, como yo, no han encontrado su nombre repetido en un cartel o un par de labios. Allí, una mujer vestida de azul y blanco gobierna una oficina pequeña de apenas un par de metros. En las paredes cuelgan calendarios de años que no recuerdo y fotografías de lugares que jamás he visto; todo allí parece fantástico y extraño. Entonces me alivia ver como la mujer mira en su lista y dice a cada uno de los que preguntan quién es el que los espera, y les da una tarjeta y ellos sonríen, porque allí de seguro está esperándolos un abrazo tibio. Y entonces corren de nuevo y los ojos les brillan, y cuando yo los veo se me alegra el pecho y me dan ganas de que pronto llegue mi turno y ya falta poco. Apenas cinco, y cuatro, y tres, y un par más, solo uno…

Entonces me cuelgo del mostrador al que apenas llego y digo precipitadamente mi nombre y pregunto quién es el que me espera y estiro mi mano para tomar mi tarjeta. Pero la mujer de blanco no me escucha y entonces repito mi nombre, pero veo que ella mira al que esta detrás de mi y a ese le da su tarjeta y él corre y sus ojos le brillan.

Me quedo repitiendo mi nombre a gritos, pero ella ni nadie me oyen, y trepado al mostrador, grito. Grito cada vez mas fuerte y trato de asir a la mujer, y mis manos la perforan, y su ropa de bruma burla mi esperanza deshaciéndose entre mis dedos, pero su figura ya lejos de mi se rehace, y la fila se termina. Entonces ella detiene su mirada en mi, y en ella parece haber algo como una burla; toma la tarjeta que le queda y mirándome, le enciende fuego. Nítidamente veo allí mi nombre escrito y debajo otro nombre que trato de descifrar, pero ella arroja la tarjeta encendida al suelo y se marcha riendo.

Entonces yo salto el mostrador e intento tomar mi tarjeta que arde pero ya es tarde y me quemo, y la arrojo al piso y ya es ceniza y la mano me duele y corazón me duele y un abrazo colgado del pecho se pudre entre mis brazos que cuelgan como ramas muertas y me veo reflejado en un cristal quebrado y todo se queda a oscuras y unas lagrimas que no puedo contener me hieren y me van lavando poco a poco el rostro hasta que no veo mas mi reflejo y desaparezco…

La Radio

11:31:00 a. m. Posted by El Griego

En nuestra casa de Moreno, en Buenos Aires, a mis cinco o seis años no había televisor. Así que la radio era una presencia casi constante. Nos levantábamos con la radio, desayunábamos con la radio, almorzábamos y cenábamos en compañía de la radio.

Desde siempre tuve problemas para conciliar el sueño: estaba destinado a ser un noctámbulo empedernido.

Creo que le debo a mi padre la costumbre de dormir con música. Y es que los dormitorios de la casa donde vivíamos en esa época, estaban en una de esas casillas prefabricadas con subdivisiones de material prensado, parecido al cartón o aglomerado, y tenia paredes de madera terciada. Papá se acostaba temprano, porque también tenía que levantarse de madrugada para ir a la fábrica donde trabajaba. Cuando nosotros nos íbamos a dormir, y apagábamos la luz, se oía zumbar desde su mesa de luz su radio a transistores.

Era una de esas radios portátiles, seguramente china o taiwanesa, comprada a bajo costo en el Once. En medio de la oscuridad y silencio de ese barrio obrero, la radio sonaba a la vez lejana y vecina. Entre la estática, que con mucha paciencia papá intentaba reducir a un mínimo aceptable barriendo ida y vuelta la ruedita del dial, llegaba la voz de Lionel Godoy, locutor de Radio El Mundo, en su programa “La noche con Amigos”. Y entonces se oía a Edmundo Rivero diciendo “La ultima curda”, “Sur”, o “Nieblas del Riachuelo”, y su potente voz de bajo y su fraseo de arrabal ocupaban el aire. Pero si Lionel Godoy decía, en cambio, que era el turno del “Polaco”, Roberto Goyeneche, la estática dejaba de ser apenas un hilo y se incrementaba. Y claro, era señal de que papá con urgencia decidía seguir firme en su idea de que “El Polaco” no cantaba, balbucía, y el viene y va sobre la rueda del dial empezaba otra vez, y radio El Mundo perdía un escucha que se pasaba a Radio Del Plata, a Jorge Bocacci y su “Bocacci a Tango Limpio”.
El viejo me heredó quizás el primer gusto por el tango. Bah, para ser justos, por la música toda.

Y el fútbol del domingo. Aunque ahí la cosa ya no era tan fácil. Y es que a mi me divertía más José María Muñoz, en La Oral Deportiva, Radio Rivadavia, y cómo decía su eterno Gooooool!, tan imitado luego por otros locutores. Imitado también por nosotros en nuestros juegos, claro. Pero el viejo escuchaba en Radio Mitre a Víctor Hugo Morales, ese uruguayo que aún hoy nos hace emocionar cuando escuchamos el audio del gol “del” Diego a los ingleses en el mundial del ’86. Muchos años pasarían para que entendiera esa preferencia. Y es que a los 6 años uno no está enterado que un locutor de radio puede colaborar con una dictadura militar, aunque solo sea hablando a un micrófono.

El ’82 fue un año memorable, y es que ese año comencé el primer grado en la escuela del barrio. Una tarde al volver, corriendo como siempre, entré en la cocina de la casa y me quedé parado, sin entender lo que pasaba. Papá tenía encendida la radio, y oía las noticias. Acodado en la mesa, la cabeza entre las manos, lloraba. “Yo, yo tendría que estar ahí”, decía, y con ese puño enorme que tiene, golpeaba la mesa, una y otra vez. Era el 2 de Mayo, y en la radio la noticia era que los ingleses habían hundido el Buque Ara General Belgrano. Volvería a ver así a papá, en junio, cuando se anunciara por Cadena Nacional la rendición y la pérdida de las islas.

Las mañanas eran más bien tardías en casa, para nosotros al menos, mechadas con mate de leche y tostadas, y años mas tarde, el verdadero mate. Y la radio, claro. Mamá desde que se levantaba sintonizaba a Héctor Larrea, en su clásico de más de 30 años, Rapidísimo. Mamá es una persona de risa fácil, siempre pronta a la carcajada, y no me cuesta nada recordar los alaridos que daba cuando Don Luis Landriscina hacia una entrada en el programa, y contaba, contaba como se debe, según papá, un cuento de santiagueños. A mi me gustaba también, pero sentía una simpatía especial por el despiste sistemático de ese otro personaje al que aún no había visto en televisión, Minguito Tinguitela. Y como imitar es regla cuando se es chico, “Qué haces, tri tri?”, una de las frases de Mingo, se ganó risas familiares, y alguna vez un buen reto, porque también es regla infantil ser “políticamente incorrecto”.

Quién diría que muchos años después, oyendo la trompeta de Miles Davis, o Charly Parker, el recuerdo de esas mañanas volvería limpio en el tiempo. Tal vez la culpa de que la semilla del jazz se haya metido en mis oídos sea al fin y al cabo de “Hetitor” Larrea, y su porfía de musicalizar su Rapidísimo como mejor le parecía.

Por algún tiempo vivió en nuestra casa mi abuelo paterno. Como buen tucumano, la costumbre de dormir la siesta era para él un rito casi obligatorio. Tenía una reposera plegable, de lona, y armaba su siesta en la galería de la casa. Él tenía un radio grabador Hitachi, aparato que codicié en secreto muchas veces, lleno de botones, y agujas rojas en los amperímetros, lucecitas que subían y bajaban según el volumen, y hasta sintonizaba onda corta. El nos decía que ahí él escuchaba radios de otros países, en otros idiomas. Aún así creo que al abuelo le gustaba el estilo sensacionalista, porque casi todo el día oía Radio Colonia, con su jingle de noticiero, “Hay más informaciones, para este boletín”. Leía también el diario Crónica, pero eso es parte de otra historia.

Creo que debía tener unos 13 o 14 años cuando heredé mi primer radio: un grabador Noblex doble con casetera (Noblex, o nada que oír, decía por aquel entonces la publicidad radial de esa marca), usado, muy usado, claro. Fue a través de ese equipo que la radio se metió más intensamente entre las cosas importantes de la adolescencia.

Por aquella época en la barra de amigos las aguas se dividían a la hora de la defensa y ataque a una u otra emisora.

Por un lado estaban los que se habían subido al tren de una moda que comenzó a imponerse en muchas radios FM y que haría historia, los charts o rankings, y oían radios como FM TOP, FM HIT (Daisy May Queen se convertiría en el molde para muchas locutoras edulcoradas, a tal punto que aún hoy su estilo sigue presente en muchas FM). Los de este subgrupo discutían lo merecido o inmerecido de que tal o cual tema se ubicara esa semana en mejor o peor posición que en la precedente, o llamaban por teléfono decenas de veces a la radio para hacer fuerza para que su tema trepara hasta el codiciado numero uno.

En otra esquina estábamos los que cultivábamos un estilo mas soft, acérrimos oyentes de Radio Horizonte (94.3), Aspen (102.3) y la primer época de FM100, con Juan Elías Ranieri a la cabeza, aunque la emisora luego seguiría los pasos de las radios que llenaban la programación de éxitos latinos, que duraban un verano, o menos. Lo nuestro era el pop británico y estadounidense, The Police y U2, o unos aún desconocidos Maná, y Soda Stereo y el buen rock nacional. Claro que dejábamos un estimable lugar a la rebeldía metódica de los locutores de “la” Rock & Pop.

Y estaban los otros, los menos, un hermano mío entre ellos, que habían tomado la posta del tecno y el house que emitían en la radio Z95, con programas como “La maquina del sonido”, y su “cheto” (y estridente) conductor, Bebe Sanzo, o su variante aún más tecno, radio Energy¸ o simplemente la NRG, y su dios particular: Dj Dero.

Conservo aún, mas por nostalgia que por otra razón, algunas cintas grabadas en la radio, casetes que originalmente fueron de algún curso de inglés, o de algún conjunto ya olvidado de chamamé y guaránias, sustraído furtivamente de entre los de mamá, y algunas pocas hechas en cintas vírgenes de pésima calidad, de esas que comprábamos en oferta, tres o cuatro a precio ínfimo. En una de esas cintas, se oye, al final de un tema de U2, la voz de Martin Wullich, locutor emblemático de Radio Horizonte, FM 94.3, decir: “Tres de la mañana. En Buenos Aires, una nueva hora comienza”. Era una vez más el insomnio, y la radio, Enrique Matavos y su programa “La noche de Radio Horizonte”.

“La mañana de Julio Lagos” en Radio Continental, y luego en Aspen 102.3, acompañó los años en que trabaje como operador en un locutorio en Capital Federal. Noticias, notas de color, literatura comentada eran los ingredientes de ese ciclo. A finales de Junio del ’97 Julio Lagos anunciaba un programa especial que saldría al aire el 2 de Julio. Se cumplían entonces cinco años del fallecimiento de Maestro, Astor Piazzolla, y la radio le rendía su homenaje. Fue también la ocasión de conocer una música sublime que a partir de allí estaría cotidianamente entre mis preferencias.

Hace casi una década, una amiga me habló de un programa radial, desconocido para mí, que calificó de excelente, y mencionó la posibilidad de ver el programa en vivo. La cita era en la bodega del ya mítico Café Tortoni, el programa “La venganza será terrible”, y el conductor, claro, Alejandro Dolina (las legendarias trasnoches de la bodega del Café Tortoni pasaron a mejor vida en el Buenos Aires post Cromañón) Creo no equivocarme si digo que esa experiencia, repetida con enorme placer muchas veces, fue una de las mas importantes para terminar entender el porqué de la magia y el influjo que la radio ha tenido, y tiene aún hoy, en mi vida.