El Iluminado. El Maldito. Artaud.

7:06:00 p. m. Posted by El Griego

"... A Van Gogh, en cambio, que puso a cocinar una de sus manos, nunca lo acobardó la lucha para vivir, es decir, para diferenciar el hecho de vivir de la idea de existir, y en verdad cualquier cosa puede existir sin hacer el esfuerzo de ser, y todo puede ser, sin hacer el esfuerzo de irradiar y rutilar como Van Gogh, el desorbitado. La sociedad lo despojó de todo esto para organizar la cultura turca que tiene la honestidad por fachada y el crimen por origen y base. Y fue así que Van Gogh murió suicidado, por que la sociedad en su conjunto ya no pudo tolerarlo. Ya que si no había espíritu, ni conciencia, ni pensamiento, ni alma, había materia combustible, volcán floreciente, piedra en trance, tolerancia, bubones, tumor asado, y escara de desollado. Y el rey Van Gogh incubaba aletargado la siguiente alarma de la insurrección de su salud. ¿De qué manera? Por la evidencia de que la buena salud es una plétora de males encerrados, de un magnífico anhelo de vida con cien úlceras corroídas que, pese a todo, es necesario hacer vivir, que es necesario dirigir hacia la perpetuación. Ese que no escudriña la bomba en cocción y el vértigo constreñido no merece estar vivo. Este es el consuelo que el pobre Van Gogh consideró como su deber mostrar bajo la forma de deflagraciones. Pero el mal que lo acechaba le hizo mal. El turco de aspecto decente se acercó delicadamente a Van Gogh para extirparle su almendra confitada, con el propósito de separar el confite (natural) que se preparaba. Y allí Van Gogh consumió mil veranos. Por esa razón murió a los 37 años, antes de vivir, pues todo mono, antes que él, ha vivido de las fuerzas que él llegó a juntar..."


"..¿Acaso Van Gogh era loco? Si alguien supo alguna vez contemplar un rostro, humano, que contemple el autorretrato de Van Gogh, hablo de ese del sombrero blando. Pintado por el Van Gogh supralúcido, esa cara de carnicero colorado que nos mira inquisitivamente y vigila, que nos inspecciona con mirada torva. No conozco a ningún psiquiatra capaz de inspeccionar un rostro humano con una fuerza tan arrasadora, como diseccionando con un estilete su indiscutible psicología. El ojo de Van Gogh es el de un gran genio, pero por la manera en que lo veo diseccionarme brotando de la profundidad de la tela, ya no es el genio de un pintor el que siento vivir en él en este momento, sino el genio de un filósofo como nunca supe en la vida de alguien semejante. . No, Sócrates no tenía esa mirada; solamente el desafortunado Nietzsche tuvo tal vez antes que él esa mirada que desnuda el alma, desata al cuerpo del alma, desnuda el cuerpo del hombre, más allá de las argucias del espíritu..."



Antonin Artaud, Van Gogh, el suicidado por la sociedad (Van Gogh le suicidé de la société)

La invención de la soledad - Paul Auster

11:05:00 p. m. Posted by El Griego

Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia.

Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene. Y puede detenerse en cualquier momento.

Bajo perfil

1:19:00 a. m. Posted by El Griego

El mío era un departamento pequeño, lo que se dice un departamentito. Chiquito chiquito. Al ingresar, un solo golpe de vista bastaba para abarcarlo todo. O casi todo: una exigua cocina, una cocinita digamos, que quedaba fuera del campo de visión, por la simple razón de que para introducirse en la cocina, había que tener cerrada la puerta de entrada del departamento. Que el cuarto de baño tampoco fuera observable a simple vista era de agradecer. Uno jamás ha sido suficientemente ordenado, así que bien podía suceder que dentro hubiera una colección de objetos y prendas que, naturalmente, no eran susceptibles de ser expuestos a cualquier mirada indiscreta.

Con tan reducido espacio, aunque decir espacio es toda una hipérbole, nadie pensaría que pueda existir inconveniente alguno para que prontamente, con dos o tres muebles pequeños, un par de sillas y una mesa, ese cuchitril quedara tan atiborrado que fuera casi ineludible moverse dentro como un campeón de salto en alto.

Sea como fuere, aunque la escasez de espacio favoreciera la pronta saturación objetal, la escasez de divisa líquida hizo obligatorio el establecimiento espacial, en principio provisorio, con un mínimo indispensable. Para decirlo sin ambages: el día que me mudé a mi departamentito llevé un colchón (la cama nunca hizo falta, ya explicaré por qué), un escritorio para la computadora, una silla y cuatro cajas enormes repletas de libros.

La zona dormitorio, digo zona, porque no había tal cosa, sino un único ambiente oblongo, como ya he dicho, quiso ubicarse en el extremo septentrional de mi petite maison, enfrentada a una ventana con celosías. Las fallebas nunca funcionaron como debían, por lo que era común que cualquier madrugada tormentosa el azote del viento me diera tremendo susto. Tanto así que más de una vez caí redondamente al piso. Cosa nada difícil, claro. Como ya dije, la ausencia de la cama propiamente dicha fue suplida por una mala imitación de alfombra estilo turco -de origen presumiblemente chino- y sobre ella, el colchón, y en la cúspide, yo.

El mediterráneo fue el sitio señalado para el hasta entonces único mueble, quiero decir, el escritorio. Y la silla, que también es un mueble, pero ya se sabe que todo objeto pierde consistencia cuando uno deja de tenerlo dentro del campo visual, cosa que es bastante común en el uso de las sillas. Alguien podrá decir que todo aquel que, asumiendo una postura mas bien canchera colocase la silla al revés, es decir, con el respaldo como apoyabrazos, bien podría seguir nombrando mueble a la silla. Pero no era el caso: como ya se dijo, mi silla era sólo la compañera indispensable del mueble escritorio.

A falta de otro apelativo diré “espacio restante”, para referirme al paso y medio que quedaba de lugar antes de darse de lleno con la puerta de salida. Las ocasiones en las que recibía gente unos cuantos almohadones que de ordinario servían como ornamento del colchón, hacían de asentaderas. Completaba el humildísimo “juego” de living otra pequeña alfombra, que circunstancialmete alternaba entre el papel de mesa, paño de cartas, esterilla para tomar mates, o simple apoya pies. Descalzos, claro.

Si has estado atento, lector, comprenderás que todo en mi departamentito estaba a nivel del suelo. No lo he dicho aun, pero si hubo algo difícil de resolver, fue la disposición de la biblioteca. No era cosa de romper la armonía, accidental o forzada, es cierto, que tenia mi habitáculo. Un amigo que me visitó cierto día me sugirió la que sería una solución armónica a la vez que práctica. Conseguimos algunos troncos de apariencia rústica y con unas tablas cedidas por otro amigo confeccionamos una biblioteca de estilo “romántico”: no es que hayamos buscado inspiración en catálogo alguno de arte, no. Sencillamente mi biblioteca corría arrumbada a tres de las cuatro paredes del cuchitril: era la figura de un abrazo constante, conmigo dentro.

En este espacio transcurrieron vitales asuntos que en otra ocasión contaré. La vida allí era estrictamente de una chatura absoluta. Y creo que en esa chatura, como pocas veces, fui feliz.

Todo un Caballero

10:12:00 p. m. Posted by El Griego

“Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, Caballero de Selimpia Citerior y Fez”, respondía él cuando alguien le preguntaba el nombre. Por lo pronto, nos importan dos cosas: una, ya dicha. Era Caballero, en el grande y victorioso ejército de Carlomagno. La segunda, que no existía.

Ése era el Caballero Agilulfo, el Caballero Inexistente.

Uno lee sus batallas, lo acompaña en el entrevero de los caballos que piafan y las lanzas que se parten, lo ve ir y venir entre polvaredas que ciegan, incansable en el campamento, nunca ocioso, uno comprende que el caballero es la imagen viva de lo que había delineado el Código de Caballería. Y sin embargo, todos lo evitan, le tienen encono, nadie le profesa gran estima.

Ella menos que ninguno. Es natural, por cierto.

Agilulfo no era de cuna noble: conquistó con su espada y su armadura el noble título cuando rescató una doncella. El ahora Caballero llegó en el preciso instante en que unos rufianes estaban a punto de mancillar el honor impoluto de Ella. Él es nombrado Caballero, como ya se ha dicho. Ella va a parar a un convento. Del convento la secuestran unos piratas moros. Los moros la venden a un sultán, que la convierte en su esposa y la hace parte de su harén. Once meses pasa a la espera de que el sultán la escoja como compañía nocturna, sin hacer nada, aburrida.

Pero la misma noche en que el sultán por fin la llama a sus alcobas… aparece de nuevo el Caballero y pasa a degüello a los eunucos que guardaban el harén del sultán; a punta de espada se abre camino entre los infieles y la sube a un barco, rumbo al convento, rumbo a la virtud.

Con Caballeros así, tan celosos de sus deberes, tan escrupulosos en el cuidado de la virtud femenina, tan atentos a cualquier daño que ellas puedan recibir, tan caballeros… es habitual, por no decir obligatorio, que ellas favorezcan a hombres menos correctos, menos singulares, un tanto más vulgares, en fin, hombres como Uno.

Visiones en la sombra - Nathaniel Hawthorne

7:31:00 p. m. Posted by El Griego

"Aquí estoy en mi cuarto habitual, donde me parece estar siempre. Aquí he concluido muchos cuentos, muchos que después he quemado, muchos que sin duda merecen ese ardiente destino. Esta es una pieza embrujada, porque miles y miles de visiones han poblado su ámbito, y algunas ahora son visibles al mundo. A veces creía estar en la sepultura, helado y detenido y entumecido; otras creía ser feliz... Ahora empiezo a comprender por qué fui prisionero tantos años en este cuarto solitario y por qué no pude romper sus rejas invisibles. Si antes hubiera conseguido evadirme, ahora sería duro y áspero y tendría el corazón cubierto de polvo terrenal... En verdad sólo somos sombras...".

Una cita de Borges en "Otras Inquisiciones" a Nathaniel Hawthorne.

Sobre lo perdido y lo recobrado (Parte III)

1:06:00 a. m. Posted by El Griego

De todas las novelas que leí en el tomo de Maestros Rusos, Nosotros me pareció superior a todas en muchos sentidos. Por esos tiempos, 1984, la novela de Orwell, ya había pasado por mis manos, y sin embargo cuando leí Nosotros tuve la impresión de estar mirando el mismo paisaje que Orwell describiera en 1984, pero con una mirada centrada en lo que nos cristaliza humanos, a la vez que pesimista sobre la concreción de mundos perfectos.


Quizás por la forma improbable por la que me enteré de aquella novela, quizás porque el hombre que la había escrito captó alguna escencia vital, cosa siempre difícil de conseguir, quizás simplemente porque disfruté tanto Nosotros, haberlo perdido para siempre resulta tan frustrante.


Cada vez que uno pasa por una librería de saldos mira entre los estantes y espera casi sin esperanza. Lo imposible de reiterar, en otro espacio, en otro tiempo, aquel afortunado descubrimiento, no evita que uno escarbe a la espera del prodigio. Cuando sale a la calle, y a las vidrieras, una vaga sensación de lo que se ha extraviado ya sin retorno se queda entre la ropa y la piel. Y no consuela sacudírsela comprando otro libro, por más nuevo y bonito que sea.

Sobre lo perdido y lo recobrado (Parte II)

1:04:00 a. m. Posted by El Griego

Es imposible, completamente inadmisible para el ánimo de un lector cuasi vicioso, pasar delante de una librería y seguir de largo. Si la librería es de libros nuevos, uno examina los títulos, los intuye, se pregunta sobre temas y tramas, descubre rostros conocidos, algunos amados, otros odiosos, observa encuadernaciones y critica artes de tapa. En cambio, si la librería es de usados, la operación interna es completamente distinta: uno se convierte en arqueólogo, en buscador de tesoros.


Las librerías de saldos tienen la ventaja adicional de la diferencia pecuniaria: uno debe agradecer a los dioses de las letras que muchos dueños de esas librerías no tengan ni pizca de idea del valor de los libros que venden por precios exiguos.


En una de estas auscultaciones de estantes fue que Nosotros, la novela de Yevguieni Zamiatin, llegó a mis manos. Y no venía sola: era un tomo bellísimo, encuadernado en piel, con hojas en papel Biblia; pertenecía a una discontinuada colección de la Editorial Planeta: Maestros Rusos, era tomo el VI. El viaje de Gleb, de B. Zaitzeff; San Petersburgo de A. Belyii; La fuerza sin nombre de N. Nakorov y Nosotros eran algunos de los títulos de la obra que contenía ese preciado tomo. La compra fue una verdadera bicoca.

Sobre lo perdido y lo recobrado (Parte I)

10:57:00 p. m. Posted by El Griego

Hace unos días escribí sobre la novela distópica 1984, de George Orwell. La idea inicial, sin embargo, era completamente distinta. No quisiera ponerme ahora en tren místico o trascendental, decir por ejemplo que quién escribe no sabe hacia dónde es que apunta sus cañones, que desconoce qué cosas le van a suceder a sus personajes, si el texto finalmente decidirá por si mismo tomar un tono trágico, cómico o aburridamente insulso, que la “obra” tiene algo así como una voluntad autárquica que corre por fuera de la propia mano que entreteje las frases, que las teclea más bien, para decirlo de modo contemporáneo y globalizado.


Mi texto sobre 1984 distrajo mi intención primera, hablar de otro libro que estimo casi desconocido, “Nosotros”, de Yevgueni Zamiatin. (Eugène para los franceses; Eugen para los alemanes; Eugene para los ingleses; Eukene para los del país vasco; Eugenio, para los amigos) Lo cierto es que alguna gente acusó a Orwell de copiar el argumento de 1984 del libro que el ruso Zamiatin había publicado casi treinta años antes, en 1920. Y creo que tenían bastante razón en lo que decían. Si les interesa conocer un poco más acerca del tema del libro y su autor, pueden pasar por aquí.


Nosotros” me llegó de un modo completamente casual...

Lo que Ellas hacen

9:59:00 p. m. Posted by El Griego

Conozco más de cuatro mujeres que adoran caminar las peatonales de Córdoba, los shoppings, las calles comerciales del centro, las galerías techadas, en fin, todos esos sitios que tienen como factor común la presencia abrumadora de vidrieras.

Uno puede ver sus caras: en los ojos se trasluce la avidez de sus deseos. Cuando ya no soportan más, necesitan materializar la imagen de esa lindura sobre sus cuerpos. Primero, piden ver. “Me mostrás esa blusita que tenés ahí?”, dicen, y el tono quiere simular un interés de compra que no tienen. Después se prueban todo. Y casi siempre vuelven a la calle, a las vidrieras, a mirar y mirar, sin comprar nada.
Uno bien puede padecer horas y horas de trajines como ése si ha tenido la pésima idea de ofrecerse como compañero de compras. Quizás sea mejor decir que es arrastrado en un recorrido exploratorio más que de compras, toda vez que ellas saben que no van a adquirir ni una media.

Estilo Griego

9:58:00 p. m. Posted by El Griego



El Griego dice:
necesariamente deberé hacer las de Salomón con este texto también
bue, ya veré.
UPR dice:
ya se ve, sí
El Griego dice:
dios, estoy preñado
UPR dice:
tenés antojos?
El Griego dice:
no, sólo ideas amontonadas que quieren salir todas juntas
UPR dice:
tratá de no colgarte taaaanto
El Griego dice:
colgarme?
con qué?
UPR dice:
escribiendo mucho digo
El Griego dice:
es mi ESTILO, che
UPR dice:
bueno, che. era para que no abuses de tu ESTILO, che
El Griego dice:
abusar es mi ESTILO, che. ;)
UPR dice:
jajajaja

Las Historias de Don Rolo (Capítulo V)

2:39:00 a. m. Posted by El Griego

Don Rolo mira a Juan, que me mira casi con desesperación.

Pero la cara de mi amigo se transmuta en ese momento, y torciendo la boca en un gesto picaresco le dice a Juan:

“Mirá si por ser tan poco cuidadoso con tu amiga, ahora se te queda seca una pierna. O te pasa algo peor todavía, mirá si la mina se entera de que estuviste hablando así de ella, y te la deja inservible…” Don Rolo, para fastidio de Juan, rie con tanta fuerza que todo la gente que estaba en el bar se dio vuelta para ver qué pasaba.

Lo que siguió, la prudencia impide reproducirlo.

Las Historias de Don Rolo (Capítulo IV)

2:28:00 a. m. Posted by El Griego

“Pero resulta que el pastor-príncipe era lo que en el litoral argentino llaman “panza resfriada”, quiero decir, que no sabía quedarse callado. Y un poco se entiende ¿no? ¡El tipo se había acostado con la mismísima diosa del Amor! Bueno, el caso es que después de aguantarse las ganas de contar en el mercado, en la plaza mayor, en la taberna, pensó: “No se va a enterar… y capaz que así alguna otra mina me quiera entregar su corazón. Si Afrodita no se pudo resistir a mí ¿qué mina no caería rendida si cuento lo que me pasó?” Así que eso hizo. A la próxima mujer que le gustó le contó la historia de sus amoríos con la divina Afrodita. Y claro, la mina le entregó su corazón. También.
Pero la diosa se enteró. Y no le gustó ni medio. Peor que eso: se puso furiosa. Imaginate vos que no era cosa que se anduviera diciendo por ahí que La Diosa se acostaba con el primer mozo que encontraba tirado debajo de un árbol. ¿Y saben qué pasó?”

Juan me miró, pálido. Yo creo que además de exagerado era un tanto supersticioso. Y Don Rolo había conseguido meterle miedo con ese tono gélido con el que hizo la pregunta.

-No, Don Rolo. ¿Qué pasó?

“Un día que el príncipe-pastor andaba con las ovejas, tocaba la lira debajo de un árbol y pensaba en que quizás tuviera la suerte de que alguna otra diosa, o ninfa, o una mina común y corriente lo viera ahí mismo y se enamorase de él, Afrodita juntó toda la bronca que tenía, la convirtió en un rayo y se lo disparó al tipo. Ya saben, todos los dioses hacían cosas así. Para colmo tenían una puntería bárbara: difícil que pifiaran, viste. Y Afrodita era buena imitando a su papá, que ya se sabe, tenía el monopolio casi exclusivo de los rayos. Así que le dio en medio de la humanidad del infeliz bocón.”

Juan apenas mueve la boca:

-¿Mu… murió?

“No, qué va. Pero estuvo ahí nomás de espichar. Tuvo suerte de que La Diosa en realidad sólo lo quería asustar. Fijate que esperaban un hijo y no quedaría bien, ahora que se sabía la historia, que lo dejase huérfano ¿entendés? Así que no lo mató, sólo le dejó una pierna más seca que la rama de un árbol. Como patita de gorrión le quedó la gamba, viste. Y por eso te digo, Juan. Siempre que una mujer, cualquier mujer, por simpatía, por cariño o simplemente por hacerte un favor, se entregue a vos, no debés hablar de la manera que lo hiciste. Nunca se sabe cuándo es una diosa la que te está besando, o quizás siempre sea así. ¿Por qué no?”

Las Historias de Don Rolo (Capítulo III)

2:26:00 a. m. Posted by El Griego

“La cosa pasó más o menos así: un tipo, que no se sabe bien era si pastor o príncipe, la verdad da lo mismo, estaba un día en un prado, descansando. En eso aparece una mujer, hermosa, como todas las mujeres de antes. El tipo no era nada feo tampoco, o eso dicen, y ahí nomás le buscó charla a la mina. En esa época, si eras príncipe tenías mucho tiempo, total, no tenías que hacer nada. Para eso tenías doscientos sirvientes. Y si eras pastor, menos. Vieron que las ovejas son los bichos menos molestos que hay. Con tal de que tengan un poco de pasto y agua, están contentas. Las mirás de lejos nomás y te echás bajo la sombra de un árbol. Mientras tocás la flauta o escribís La Eneida, qué sé yo. Bueno, sea como fuere, el tipo tenía tiempo como para pasear por el mercado y escuchar los chismes de las viejas. Viste cómo es. Las viejas siempre tienen cosas para contar. Así que cuando vio que la mina se reía tan lindo con las cosas que contaba, se despachó con las historias más picantes que tenía en el repertorio. Para hacerla corta: la mina se enamoró del príncipe-pastor y ahí mismo le entregó su corazón. Es una forma de decirlo, claro. Ustedes me entienden ¿no? ¿O hace falta que les explique? –guiña un ojo, ríe con sus dientes manchados de tabaco y sigue- Bueno, fijate vos que no sólo se enamora de él, sino que además le da un hijo que mucho después sería famoso, tanto que Virgilio escribe un libro sobre él. –Juan lo mira consternado- Virgilio, ya saben… Pero me estoy yendo del tema. Les contaba del tipo, el padre del héroe, digo. Y la mina. Resulta que después que se habían acostado… bueno, después de que habían hecho lo que habían hecho, la mina le dice: “Mirá, querido. La verdad es que yo no soy una mujer. Soy una diosa, hija del olímpico Zeus. Y no cualquier diosa. Soy Afrodita, la diosa del Amor, como todos saben. Y como te portaste tan bien conmigo vamos a tener un hijo que va a ser héroe”. ¡No se rían, che! Antes, cuando una mina te decía que estaba preñada de vos, no era una catástrofe como ahora. Y si te lo decía una diosa, por más que te lo diga al minuto de que se puso el corpiño, vos sabías que algo bien habías hecho, claro. Lo que sí, Afrodita le hizo jurar que no diría a nadie, nunca, lo que había pasado esa tarde. Cuando el chico naciera ella se iba a encargar de todo lo que le hiciera falta hasta que pudiera vivir con su papá. Y sin mucho más trámite se despidió del pastor-príncipe”.

Don Rolo hace una pausa. Toma un largo trago de soda y enciende otro cigarrillo. Juan me mira como pidiendo auxilio. Yo, que ya conozco que Don Rolo aborrece que lo interrumpan, me encojo de hombros y espero a que el relato siga.

Las Historias de Don Rolo (Capítulo II)

2:24:00 a. m. Posted by El Griego

Estamos Don Rolo y yo, que salí hace diez minutos de la oficina y, a la vez que me desintoxico de doce horas de indigestos papeles contables, aprovecho para conversar un poco con mi amigo, de lo que sea él que tenga ganas. O de nada, porque también es habitual ese silencio obstinado en Don Rolo.

Se nos une Juan, otro de los habituales del bar. Tiene más o menos mi edad y trabaja cerca de aquí. Es abogado. Juan se ha ganado la fama de, por lo menos, exagerado: mucho de lo que cuenta tiene siempre ese barniz novelesco que a uno lo deja con la sensación de que el muchacho está contando alguna película hollywoodense llena de efectos especiales.

Luego de sentarse y pedir un whisky doble (“en las rocas, che” le dice al mozo. Tiene esas cosas Juan: parece como si estuviera siempre pendiente de que lo que haga sobresalga, de la manera que sea), sonríe ampliamente y suelta: “No se imaginan la mina con la que estuve anoche. Una princesa. Qué digo, una diosa escapada del Olimpo”. Don Rolo mira su cigarrillo, levanta un segundo la vista y me mira medio segundo. Hay un brillo maligno en sus ojos. Por supuesto, Juan no lo nota, como nunca se da cuenta de nada de lo que sucede en derredor. Sigue contándolo todo acerca de su diosa griega: en poco tiempo tenemos un cuadro más o menos completo de la anatomía, presunta al menos, de la señorita en cuestión.

- Oíme, Juan – dice Don Rolo, completamente serio ahora - ¿no tenés miedo de hablar así?

-¿Miedo? ¿Debería? ¿Acaso estoy diciendo algo que lo ofenda, Don Rolo? – contesta Juan, con los colores de su rostro cruzando la línea del rosa tenue camino al púrpura.

-¿Pero cómo te pensás que me voy a ofender yo, pibe? No, si lo digo por vos nomás.
-La verdad que no comprendo qué me está queriendo decir, Rolo.

El hombre se queda callado, fuma despacio, junta las manos frente a sí. Parece como si los ojos se desdibujasen; como si buscara algún recuerdo en su memoria; como si revolviera algún mueble cerrado desde hace tiempo; como si buscase los restos de alguna ciudad milenaria. Se ha convertido en un arqueólogo metódico.

Las Historias de Don Rolo (Capítulo I)

2:21:00 a. m. Posted by El Griego

Don Rolo es un personaje prodigioso. Cualquiera que lo vea sentado en “El Andén”, un bar de esos que ya no quedan, como no quedan excéntricos tan fantásticos de la cepa de Don Rolo, cualquiera que lo vea, digo, siempre libro en mano, un café negro (“corto, como vivir, amargo, como el amor, e intenso, como hembra buena”) y el eterno cigarrillo haciendo equilibrio entre sus dedos, podrá pensar que ese señor ya encanecido, un poco torvo a primera vista y lacónico, en principio al menos, pueda tener algo de especial. “Pibe, ¿te das cuenta que mucha gente cuando habla no dice nada? Deberían gravar el habla. Creo que así uno se ahorraría de escuchar tantas pavadas ¿no te parece?”. Lapidario, como ven.

Nunca me dijo por qué cosa conmigo fue tan condescendiente y jamás me compadreó como hace, más en broma que de veras, con casi cuanto ser se arrime al bar. Lo cierto es que no creo que falte a la verdad si digo que somos amigos.

Para que ustedes comprendan la singularidad de Don Rolo lo diré del modo más sencillo: el hombre es una enciclopedia viva de lo más curiosa. En medio de la más banal conversación trae a la mesa algún relato de la Revolución Francesa, o nos hace doblar de risa contando una payasada de alguno de todos los bufones que poblaron las cortes europeas durante tanto tiempo. Y así como uno puede escucharlo hablar de algún partido de fútbol de hace cinco décadas, de una anécdota del virreinato español en la América colonial, también puede oírle contar con una maestría goyesca y a la vez lunfarda, por ejemplo, un mito o leyenda clásico.

Orwell, 1984

11:27:00 p. m. Posted by El Griego

Todo empezó por un mensaje de texto, Decía más o menos así:


"C k no t gust k t scrbasi. M da fiac. Tnes '84 d Orwll?"


Traduzco, por si acaso: "Sé que no te gusta que te escriba así. Me da fiaca. ¿Tenés 1984, de Orwell?"


Estuve tentado, les juro, a responder: “¿Para qué querés leer 1984 si estoy viendo que tenés un master en Neolengua?”. Pero el Nene es mi hermano consentido. Claro que lo tengo, cómo no, te lo presto.


Orwell, 1984. El Gran Hermano. La Neolengua. La reescritura del pasado. La Policía del Pensamiento. Los cuatro Ministerios: Amor, Paz, Abundancia, Verdad. Las tres Superpotencias. El control, siempre el control: sobre cada centímetro, sobre cada segundo, sobre lo presente, lo pasado y lo futuro.


Orwell. 1984. El Nene, que nació en el ’89. Madre dice que me imita, que quiere ser como él cree que soy, que es malhumorado y pendenciero, amigo de los argumentos, los buenos, los malos, los inconvenientes, que no puede mantener cerrada la boca. Que no se calla. Madre me acusa: por mi culpa el Nene estuvo detenido por revoltoso en una manifestación universitaria y salió en un noticiero, para vergüenza eterna del buen nombre de la familia; que él no tenía ideas estúpidas hasta que yo le hablé de Marx; que ahora él la llama burguesa. Madre que se burla: ahora se hace el poeta, escribe versos y lee a Cortázar; además canta, y mal, como yo a los 13 y a los 15, y a los 34. Madre que no quiere, que vigila, que reprueba: en los libros está la semilla del Mal: para qué, para qué tanta palabra. La política es una cosa mala; esos no son músicos, son todos drogadictos y pervertidos. Tu hermano tiene la culpa. Es como vos. Control, control. Orwell, 1984.

Mejor, no me ames.

11:00:00 p. m. Posted by El Griego

Cualquiera que, por casualidad, se hubiera enterado de cuál era el plan para que María Antonieta no tuviera que prescindir de su cabeza, seguramente reiría. Luego se sorprendería de lo convencido que el Caballero Enamorado estaba de poder realizarlo. Finalmente, se asustaría. Ya se sabe que, ojos que no ven, corazón que no siente. Sobre todo si se vive a la sombra de Robespierre y Louisette es la actriz más famosa de París. Con tamaña amenaza pendiendo, literalmente, sobre tu cabeza, siempre es mejor estar a ciento cincuenta kilómetros del lunático que dice sinsentidos de ese calibre.


Es que, si se lo piensa un poco, muy poco, imaginar que podría concretar la evasión de la derrocada Reina disfrazándola de humilde lavandera, trasponer la guardia de la Conciergerie y salir caminando como cualquier hijo de vecino, era realmente descabellado.


Sea como fuere, el Caballero visita a María Antonieta en su misérrima celda, le entrega una carta lacrada, y, como corresponde a un Buen Caballero, un clavel rojo. La escena no pasa desapercibida al guardián, que sospecha que ese señor se trae algo entre manos. La ex reina se asusta de la necedad que estaba por hacer su Enamorado. Poniendo todo el ingenio del que pudo echar mano en beneficio de su hermoso cuello, la Dama toma un papel y con una aguja escribe un mensaje que intentará disuadirlo de llevar a término su alocado plan. Sin embargo, la mensajera de Antonieta es interceptada, el mensaje develado y las intenciones del Caballero Enamorado descubiertas.


Consecuencias no faltaron: si la Asamblea tenía ya apuro por cortar de raíz cualquier vestigio de la monarquía y absolutismo, ahora no cabían más postergaciones. La Dama fue trasladada a una celda aún peor, si esto era posible, de la que hasta ese momento la guardaba, y en brevísimo tiempo ajusticiada, para alegría de no pocos defensores de la Libertad y los Derechos del Hombre. El Caballero Enamorado, como era de esperar, tuvo que exiliarse para no correr la misma suerte que su Amada, y anduvo errando países un tiempo. Se ve que tenia el destino de eterno equivocado: cuando Napoleón asume el poder, el Enamorado pelea contra él, por lo que termina fusilado. Y casi olvidado, si no fuera por el bueno de Dumas (padre), que lo inmortaliza en una novela: El caballero de la Casa Roja.


***

Se ha hecho tarde, como siempre que uno hace cosas que le gustan. Prometo, para quien desee tomar nota y recordármelo si no cumplo, escribir sobre este asunto.




Mientras tanto, aquí les dejo una buena historia para que disfruten entre tanto yo sigo amasando el barro propio.

Hansel y Gretel o El complot

9:29:00 p. m. Posted by El Griego

Sucede que soy mucho más lector que escribiente. Y todas las veces que intenté mantener en funcionamiento un blog, fracasé. Y sigo fracasando, claro. Como para comprender un poco la dinámica "bloggera", me interné en esa maraña de enlaces que apuntan a todos los puntos del ciberespacio, con resultados disímiles: unas veces no pase de leer un par de lineas, otras algún que otro post, y en otras, las menos, pasé dias recorriendo las huellas de los demiurgos de los más variados estilos, voces y, digamoslo de una vez, literatura. He aquí una historia de lector de blogs. Mínima, casi banal.

Supongamos -afirmarlo sería jactarme de una memoria que no poseo- que la fecha en que esta historia comienza fuera un día de abril de 2008. Alguien publica un libro. Del contenido no se habla demasiado. Sí del apellido de la autora. Y sobre todo se habla del título de la publicación: estalla ese vocablo que entre aquellos que se dedican a tejer y destejer palabras es anatema: plagio. Nada de otro mundo, cosas así pasan todo el tiempo. Sea como fuere, las consecuencias de aquel presunto plagio, excedieron por completo a sus primigenios implicados.

Y si no me creen, continúen leyendo.

De todos los mil sitios posibles en que podría haber encontrado decires sobre el libro, su autora y la no demasiado inteligente elección de título , yo leí la reseña aquí (de paso, recomiendo ese sitio). Si ustedes siguen el enlace que aparece al final del artículo, llegara a otro buen blog, altamente recomendable, con una única crítica: uno puede pasar bastante tiempo esperando actualización.

Hecha la excepción de los blogs o sitios que nos pueda recomendar algún conocido, en la experiencia de este servidor, sucede que uno encuentra casi por accidente algo que habrá de dar algunos buenos momentos de lectura. No digo nada revolucionario: por algo a ese "zapping" ciberespacial se nombra como se nombra: navegar... Sin rumbo. (¿Sin rumbo?)

Eso mismo es lo que sucedió con "Hablando del Asunto": pasé buenos momentos de lectura allí, y el sitio quedó señalado entre mis favoritos.

Y así fue como di con esta nota. Gustó. La curiosidad es la escencia del descubrimiento, se sabe. Asi que siguiendo la huella más obvia, terminé aquí, y confirmé que una buena prosa necesariamente tiene que ser fresca, y que la frescura nada tiene que ver con esa suerte de impostación de "novicia rebelde" con la que uno se da en muchos blogs. Aquí podría también enlazar algún ejemplo: abundan. Los dejo de lado esta vez. Estimo que tiene mas sentido recomendar la lectura de un hallazgo con algún contenido estético o humano: con contenido, a secas.

La lista de enlaces de esta joven poeta, escritora (y bella) era abrumadora. Metódico como soy, además de leer el blog de cabo a rabo, investigué un poco los sitios que ella recomendaba.

Y me di con este blog. Quedé prendado de muchas formas: el estilo conversacional, la ironía que rozaba la petulancia, el exceso de vida, lo absurdo de tantas historias, el humor, ácido, corrosivo. Viaje con Hans a España, comí sus platos, presencié un recital en que él tocaba con su banda y me emborraché de martinis.

Hasta aquí una linealidad nada extraordinaria. Lo que sigue puede ser considerado como evidencias de un complot universal, como la ley de probabilidades con resultados fantásticos o mera coincidencia.

Conozco de cerca a la autora de este blog. Lo suficiente como para disentir en gustos literarios, acordar en otros tantos asuntos, aceptar sus recomendaciones sobre textos míos, permitir que ella oculte mi metódica ignorancia del uso de las tildes, y muchas veces como punto de referencia para lecturas y escuchas musicales.

Lo cierto es que llego a este blog gracias a ella. Pude haber llegado a éste, del que se podrá decir que es "famoso", o a este otro, que ya ha traspasado la línea de la virtualidad y se ha hecho libro (me entero en este instante que hay más: no sólo se ha plasmado en papel, ahora también ha llegado a la pantalla chica!) Pero no. Así tenía que suceder, y así sucedió.

Hoy leí el último post de Ushka y tuve una sensación extrañísima: primero, de tan evidente resultaba imposible. Luego, como sucede siempre en todo cerebro demasiado acostumbrado a divagar vericuetos fantásticos, me atropellaron todas las preguntas posibles: cómo podía ser que por mera coincidencia, UPR hubiera enlazado el blog de Ushka, que ésta a su vez haya sido novia de Hans, que yo hubiera seguido una improbable línea virtual, para darme luego con que la Deb de Hans no era otra que esta misma que UPR recomendaba en su blog? Es que había una asociación ilícita con obscuros propósitos? Era esto realmente un contubernio de brujas?

Yo no creo en las brujas. Pero que las hay, las hay. Por si las moscas, de ahora en más me cuidaré bien las espaldas. No sea cosa que me atrapen con la guardia baja. O los pantalones en el piso.


(Nota: todo lo hasta aqui relatado es pura ficcion. O mejor: un minimo homenaje a todos ustedes, lejanos tejedores de ficciones que me han obsequiado excelentes momentos de lectura. Gracias)

Los amantes

11:49:00 p. m. Posted by El Griego

Había algo en ellos que no le terminaba de encajar…

Eran jóvenes, bellos y estaban enamorados. Hacía ya dos años vivían en su pequeña casa, y ella estaba encinta. Si uno hubiera preguntado en el vecindario, eran la pareja perfecta, se los veía radiantes, felices. En una palabra: la vida les sonreía. Es cierto que no les había resultado nada fácil. La vida en una ciudad de provincia tiene sinsabores: a nadie escapa que sus familias habían tenido diferencias importantes, y que el encono entre ambas estirpes perduraba desde hacía ya varias generaciones. Hubieron de recurrir a celestinas, amigos encubridores, visitas clandestinas en plena oscuridad y cien formas ingeniosas para conseguir que su amor perdurase en medio de tanta inclemencia. Temieron que nunca se fuera a realizar su deseo de unión. Pese a todo, mirado hacia atrás, el camino, sinuoso, había terminado en este oasis de dicha.

Y sin embargo, había algo en la historia de ellos que no le terminaba de encajar. No pudiendo quedarse tranquilo con esta sensación de que en la vida real raramente sucede lo que a ellos, se sentó en su banco, tomó una hoja en blanco y resumió lo que estaba pensando: ante la imposibilidad de convertir su amor en vida compartida, y visto ya todo lo que el mundo ponía entre ellos, ella buscaría una forma de estar con él: simularía su muerte, un amigo de ella le avisaría a su amado, y cuando todo el mundo la diera por muerta, juntos huirían a otras tierras; antes de que le dieran aviso, su amado llegaría a donde ella reposaba dormida, y al creerla muerta, se quitaría la vida; al despertar, ella lo vería y sin razón ya de vivir, se clavaría una daga y caería junto a él.

El se llamaría Romeo, ella, Julieta.

El crimen perfecto

9:48:00 p. m. Posted by El Griego

Era un pusilánime. Por eso lo maté. No hacía falta más que ver cómo se arrastraba detrás de cualquier deseo, palabra o, más repulsivo aun, capricho de Ella. Y ni siquiera eso: fiel perro alcahuete que la seguía contento por migajas que se caían de Su mano, alegre de por lo menos estar cerca, dentro del universo encantado por la voluntad omnipotente de Ella. El infeliz no se daba cuenta de lo insoportablemente patética que era su imagen haciendo de faldero incondicional. Si por lo menos la hubiera merecido. Si al menos en su alma hubiera virtud suficiente para pretenderla. Era nefasto: toda esa ansia absurda de apuntar hacia un brillo completamente ausente en su pobre persona minúscula, triste marioneta de trapo, indigente de voluntad y vida. Yo no pude soportar esa visión: el único, yo lo sé, que comprendió la naturaleza de Ella, fui yo, no él, ni nadie más. Ella es algo demasiado precioso como para que una mediocridad tan cabal la rodee. Por eso te maté. Por eso te arrastré hasta aquí. No vas a tener el beneficio de que alguien descubra tu ridículo cuerpo destrozado y me persiga para darme caza y castigo. Aquí nadie jamás te va a encontrar, no quedará de vos huella alguna; nadie vendrá aquí para darte un lugar de descanso: el sueño de los justos jamás te alcanzará y vas a pudrirte en esta pesadilla; mañana ningún diario dirá “Crimen pasional. Lo mató por celos”. Serás la nada que fuiste en vida. Y ahora, morite de una vez, perro!  
                  
                                                       ***

El periódico de la mañana publicó la noticia. El hombre había muerto en su casa, solo. Su rostro estaba deformado, como si hubiera sido víctima de un paro cardíaco, aunque las pericias posteriores confirmaron que no se trató de una falla cardíaca. En su mano crispada tenía un cuchillo manchado de sangre, aunque aún no se pudo deducir el origen de la misma. “Murió mientras dormía”, dijo el forense que asistió al lugar del hecho.

Dos páginas más adelante, en la sección Policiales, salió publicada otra nota. Un hombre había muerto por causas oscuras mientras yacía con una mujer. El cadáver presentaba un corte profundo a la altura del cuello, y dos perforaciones en el pecho, presuntamente realizadas con arma blanca, aunque en el lecho en que se lo encontró no había rastro alguno de sangre. Según los testimonios de los vecinos, el hombre era el amante de la propietaria del inmueble y solía quedarse en casa de ella. Se investiga ahora si la mujer tuvo relación con el crimen.

Los deseos de siempre

10:59:00 p. m. Posted by El Griego

Una amiga me dice que quiere encontrar un hombre que no mienta. Un amigo quiere encontrar una mujer que haya nacido de un repollo; no soporta a la familia de su chica. Varias amigas ponen como conditio sine qua non, que él tenga un vehiculo, en lo posible un auto, y cuanto más caro, mejor. Varios amigos piensan que es estrictamente imprescindible que ella sepa todo acerca del buen arte de cuidar el hogar: coser, lavar, planchar y cocinar, y si además sabe abrir la puerta para ir a jugar, mejor. La escala cromática de los encuentros deseados va desde "guapo" a "sin rollos", "con la vida resuelta" a "que me quiera". Millones de tonalidades. Yo creo que bien podría contentarme una mujer que encuentre. Y descubra. Y conquiste. Ella a mí, por supuesto.

El barómetro, o sobre las penas y alegrias de Juan.

10:49:00 p. m. Posted by El Griego

Cuando conversaban y ella le decía mamerto, pavote, nabo o aparato, él sabía que estaba bien encaminado. Cuando él decía alguna cosa que debería haberla incomodado, y ella le decia tarado, era claro que el rubor lo invitaba al beso. Si, en cambio, ella le decía estúpido, con un leve alargamiento de la "ú", el tenía por seguro que esa noche dormiría con ella. Cuando sucedía que al saludarlo ella decía "Hola Juan", él respiraba hondo y, acongojado, se sentaba a esperar el temporal, que crecería hasta cobrar dimensiones las de un tsunami.

Némesis

10:07:00 p. m. Posted by El Griego

Mejor, no intentes escribir cuando estas lleno de bronca; no intentes disimular tu encono detrás de las letras: no conseguirás ir más alla de un exiguo insulto. Dejá que la bronca se asiente. Dejá que la rabia destile y purifique. Entonces, cuando estés tranquilo, cuando consigas que las palabras vengan como siempre, amistosas y dóciles, deciles que nombren el coraje de toda tu bronca y enfado, que sean lanza y fiebre, que sean tu Némesis.

El diablo sabe...¿porqué?

10:06:00 p. m. Posted by El Griego

Discutía ayer con un amigo cercano sobre política. El abuelo nos oía de lejos. Cuando le alcancé el mate nos miró con inteligencia y soltó: "A ver, ¿ustedes creen lo que ven en la tele o lo que leen en el diario? ¿Ustedes creen que alguno de todos estos dice una sola cosa que sea verdad? Todo esto es una obra de teatro, y hace 200 años pasa lo mismo. El problema no son ellos, somos nosotros". Seguimos hablando. De minas.

La culpa la tuvo el maní

10:00:00 p. m. Posted by El Griego

Luego de la quinta cerveza que fenece frente a nostros, y ante las miradas furibundas de los parroquianos, mi amigo se levanta intespestivamente, me abraza, y a voz en cuello me declara su cariño incondicional. Superada la resaca, uno o dos días después nos encontramos nuevamente, esta vez frente a dos inofensivos pocillos de café. Llegamos a la siguiente conclusión: hemos comprobado que los "manises" son responsables de la mayoría de los actos vergonzantes que cometemos todos los que, normalmente, somos un modelo de discreción. Cada vez que un mozo me trae algun recipiente lleno de manises, desconfío: me quiere estafar cobrandome alguna cerveza de más. Ahora, si es una moza, entonces no: miro a ver si tiene cara de... cómo decir? Ojo con esa mesa, ojo con ese vaso, cuidado con ese maní.

Contubernio

9:40:00 p. m. Posted by El Griego

Ayer aprendí una nueva palabra: contubernio. Llegás a la casa de tus amigos, los mirás con inteligencia, guiñás un ojo y les decis:"Este si que es un contubernio como dios manda, che". Tiene carácter, a que sí.

(Nota: Por solicitud de los incondicionales, hacemos lugar al pedido de aclaraciones. Si el sentido de lo anterior no queda claro, mire aquí y aquí )